Lolita

Historia de la obsesión de Hubert Humbert, un profesor cuarentón, por la doceañera Lolita.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2016
389
978-84-339-2847

Original inglés de 1955.

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Comencé a leer esta novela pensando que, quizás, fuera una de esas obras "escandalosas" de los años cincuenta o sesenta y que hoy resultan más risibles que obscenas. También podría tratarse, como es frecuente, de una obra con algunos pasajes de sexo de los que uno puede abstraerse y aprovechar el resto. Pero, no es ninguna de las dos cosas.

Desde la primera página el autor manifiesta la obsesión de su protagonista por las niñas y, queda clara su carencia de sentido moral. La prosa es espléndida, lo que no hace más que acentuar el problema. No hablo de que la novela sea inmoral, que lo es, hablo de cómo el autor saber transmitirnos el sufrimiento de un hombre al que atraen las niñas hasta sentirse enfermo de deseo. De alguien que, sabiendo que las relaciones con una menor de catorce años pueden llevarle a la cárcel, no puede evitar la atracción que siente. "Sólo por mirarlas descaradamente -escribe- podría ser denunciado". Las denomina "nínfulas", diminutivo de ninfas, y las imagina cargadas de atractivo sexual. Hablamos de alguien que frecuenta las prostitutas sólo para engañar el deseo que realmente siente. De un hombre que se sienta en una banco del parque para contemplar a las pequeñas mientras juegan, y espera que una pelota se deslice hasta él, para que una de ellas le roce alrecogerla.

No estamos ante un problema sexual, sino psiquiátrico: la paidofilia. Sólo en las primeras treinta páginas, que es lo que he llegado a leer, compartimos el sufrimiento de este hombre por un deseo que no puede manifestar. Debe ser similar al sufrimiento de un homosexual que no ha salido, ni saldrá nunca, del armario, o al deseo de algo que nos ronda pero que sabemos que no podremos alcanzar. Es fácil que el lector se sienta molesto al tener que compartir el temblor por algo que debía ser respetado, un niño o una niña.

No compensa. "Lolita" puede tener toda la excelencia literaria que se desee, pero, por poco empático que se sea con las páginas que se están leyendo, no compensa el sufrimiento que se experimenta al pasar sus páginas.