Mendel el de los libros

Escrito en 1929, Mendel el de los libros narra la trágica historia de un excéntrico librero de viejo que pasa sus días sentado siempre a la misma mesa en uno de los muchos cafés de la ciudad de Viena. Con su memoria enciclopédica, el inmigrante judío ruso no sólo es tolerado, sino querido y admirado por el dueño del café Gluck y por la culta clientela que requiere sus servicios. Sin embargo, en 1915 Jakob Mendel es enviado a un campo de concentración, acusado injustamente de colaborar con los enemigos del Imperio austrohúngaro. Un breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo xx.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009
64
978-84-96834-90-3

Cuadernos del Acantilado, 33. Título original: Buchmendel. Traducción del alemán de Berta Vias Mahou

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Imagen de Pipa

Breve y brillante relato sobre la exclusión en la Europa de la primera mitad del siglo XX. Un chaparrón. Y nuestro narrador se refugia en un café en el centro de Viena. Allí, mientras espera que escampe, recuerda haber estado antes en ese lugar. Y de pronto se le viene a la cabeza un curioso personaje al que conoció aquí: Jacob Mendel. Se pregunta qué sería de él. Y en este esfuerzo de memoria, con la ayuda de otro personaje singular, la mujer que atendía los servicios del café logra reconstruir la historia de este sabio librero de viejo que durante tantos años trabajó y prestó sus servicios a la gente que venía a consultarle.

La fuerte concentración en su trabajo, le aislaba totalmente del mundo que le rodeaba, de la política, de cuanto acontecía. Siendo la historia tremendamente dramática y dura, Zweig escribe de forma elegante los sentimientos y ambiciones de los personajes.

El narrador describe las artimañas del judío para conseguir lo que necesitaba para hacer bien su trabajo, la austeridad del protagonista, la fragilidad de la estima de personas que se beneficiaban de él, su terrible soledad y pobreza a pesar de tratar a gente de todas las posibilidades económicas, …

A la vuelta de la Primera Guerra Mundial, nadie se acordaba de él. Por eso llega más al corazón, que la única persona que lo tenía presente en el suyo y en su cabeza era la señora Sporschill, la anciana limpiadora de los aseos del café, que se había quedado con un libro de él, sin saber mucho de qué trataba. Lo guardaba como una reliquia. Es como un símbolo de la verdadera sabiduría en la ignorancia de esta mujer sencilla.

Es un libro que te hace pensar que no es buena la total inocencia y abstracción de la realidad por ningún trabajo, por importante que sea. Es preciso tener los pies en el suelo, aunque tu cabeza esté en el cielo. Y no basta la buena voluntad. Es necesario ocuparse de tener en orden las cosas.

Mendel fue acusado falsamente, cosa que a él le cogió desprevenido y le costaría su salud, su medio de vida, su vida. También se ve los interesas materiales. El café cambió de dueño. Y aunque recomendó al nuevo, vivamente, para cuando regresara Mendel. No lo acogió. Sale el tema de la utilidad de las personas que suscita la exclusión cuando por alguna razón ya no lo es. La pérdida de la humanidad, de la misericordia, del agradecimiento, de la justicia.
El libro también constituye un canto a los libros. Algo que está por encima del olvido y de la fugacidad. Se escribe para unir a los hombres.

Aunque corta, es una joya para tratar en un libroforum,

Imagen de acabrero

Una historia dura de un hombre sorprendente y fuera del mundo. Mendel solo es el de los libros, no tiene en su vida ninguna otra cosa. Y eso le hace célebre. Su memoria, su capacidad de seguir todas las novedades editoriales, sus influencias… Todo se queda en el aire porque no se da cuenta en qué momento vive, en qué lugar vive. Un amor por los libros un tanto distorsionado, pues solo los leía lo suficiente para saber de qué iba. Era el perfecto librero, pero fuera del mundo. Y quizá lo que más impresiona es cómo un hombre famoso en Viena, conocido por mucha gente importante, unos años después nadie se acuerda de él. Sic transit gloria mundi.

Imagen de Rubito

Otra reciente edición de una novela corta, "una nouvelle", que el conocido escritor austriaco escribió ya en la madurez de su carrera, en 1929. Se puede considerar un canto épico de los libreros, una sencilla historia de humanidad y un manifiesto antibelicista, escrito con la excelente prosa de Zweig y con los recursos literarios y culturales de un escritor que bien merece haber pasado a la antología de los escritores de la época moderna.

( de Ángel García Prieto )

Imagen de acabrero

Una historia muy breve de un judío en la época de la Primera Guerra Mundial. Un hombre que vive sólo para los libros. Lo sabe todo sobre los libros. Quizá una lección: no se puede vivir al margen de la vida. En su obsesivo vivir del libro, Mendel se olvida de lo demás y de los demás, y luego pasa lo que pasa... No se ha enterado de que vive en una terrible guerra.

Imagen de JJiménez

El protagonista de esta historia reúne la triple condición del desplazado, el outsider y el sospechoso, o en otras palabras, el ser ruso –en un Imperio astrohúngaro que se desploma y se refugia en discursos nacionalistas; el ser judío –en un país cargado de antisemitismo xenófobo; y el vivir sin papeles, porque conrideraba que no los necesitaba. Mendel es un hombre de libros, que no se mete con nadie, y que lleva una vida apacible, cabalística y solitaria, que un buen día se vuelve un elemento peligroso para el sistema. Porque lo que le hace culpable de lesa majestad es confraternizar con el enemigo declarado por medio de una aparentemente inofensiva correspondencia, que a ojos del aparato del Estado, se vuelve como menos sopechosa. Mendel cobra realidad para el sistema totalitario precisamente cuando éste lo despersonaliza y lo reduce a individuo que realiza actividades antipatrióticas. Como nos apunta Villoro, "la frontera es la línea donde la identidad vale menos que su representación". Y efectivamente, escritores de frontera como fueron Walter Benjamin, Joseph Roth o el propio Stephan Zweig, por su prosa militante, de denuncia, se convierten en escritores de frontera, individuos perseguidos por un sistema totalitario que los quiere silenciar, precisamente por lo que representan. Mendel, al igual que su creador, es una persona singular, peligrosa para el funcionario de turno, porque es único e irrepetible, y en ese sentido, impredecible y amenazante: "Todo lo que es único –nos dice Zweig– resulta día a día más valioso en un mundo como el nuestro, que de manera irremediable se va volviendo cada vez más uniforme". El sistema totalitario, léase el nazismo o la sociedad de consumo, se lleva mal con las singularidades, con las personas, con la autenticidad. Uno y otro prefieren el trato con la masa, con el consumidor, con las tendencias de mercado. El nazismo envió a las cámaras de gas a aquellos que no se adaptaban a su modelo de sociedad; el capitalismo neoliberal y la sociedad de mercado nos integran a todos en una sociedad que encuentra el sentido de la vida en el consumo. Ahora más que nunca se nos plantea a cada uno de nosotros la pregunta por el sentido de nuestra vida. Todos somos Mendel, de alguna manera, y hemos de preguntarnos: "¿Para qué vivimos, si el viento tras nuestros zapatos ya se está llevando nuestras últimas huellas?". La locura de los libros de Alonso Quijano le hace lúcido; en cambio, a Mendel, cuando le quitan sus libros, su pérdida le lleva a la locura y a la idiocia, al definitivo olvido de sí y de su mundo; y lo más sangrante, le devuelve, con su cara desencajada, a modo de espejo, la imagen de irracionalidad que el propio estado totalitario oculta tras sus reflejos de orden y jerarquía. Mendel, el de los libros, pierde su sentido, su razón y su vida, precisamente cuando le quitan sus libros, su único canal de comunicación con sus semejantes, en un mundo que ha perdido su capacidad de diálogo y encuentro con el otro. Zweig, al final de su relato, hace un llamamiento a la deseperada: "Los libros sólo se escriben para, por encima del propio aliento, unir a los seres humanos, y así defendernos frente al inexorable reverso de toda existencia: la fugacidad y el olvido". La lectura sigue siendo revolucionaria y sospechosa, porque nos pone en el disparadero de salir de nosotros mismos para descubrir, asombrarnos y encontrarnos con el otro que no soy yo, contigo.