Mi amor, la osa blanca

En 1960 Shentalinski fue enviado como operario de una emisora de radio a la isla de Wrangel, más allá del Círculo Polar, donde permaneció durante tres años. La isla representó para él una verdadera escuela y la experiencia más importante de su vida, hasta el punto de que le gustaba regresar, siempre que fuera posible.

Uno de esos viajes tuvo lugar en 1972, en el marco de una expedición científica para estudiar los osos polares. La expedición se limitaba a dos personas: Shentalinski y Stanislav Biélikov, a día de hoy uno de los mayores expertos en el estudio del oso polar. Y de las dificultades de la expedición da fe el diálogo mantenido en el Departamento de Transportes cuando los dos expedicionarios solicitaron una motonieve. Al dar las dimensiones del vehículo, doscientos por sesenta por cuarenta, el funcionario respondió: «Las dimensiones justas de un ataúd.»

Mi amor, la osa blanca es el diario que Shentalinski escribió durante esos días completado con más de veinte fotografías. El libro es un canto a unos animales, un paisaje y un ecosistema a punto de desaparecer. Y un bellísimo alegato a favor de la transformación radical de la relación del ser humano con la naturaleza.

Diario del viaje que el autor hizo con un científico ruso, a la isla de Wrangel, en 1972, para investigar sobre la vida de las osas polares.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2021
168
978-84-18218-39-2

Buena edición, con veinte fotografías y traducción de Andréi Kozinets.

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Comentarios

Imagen de cattus

Este diario del viaje realizado por el autor en 1972, para acompañar a un científico experto en el oso polar, se lee como un libro de aventuras, por las magníficas descricpiones del lugar, por la tensión que supone investigar en unas circunstancias atmosféricas extremas, por lo que nos cuenta sobre la vida de la osas polares, que van solas a la isla de Wrangel para parir, en unas cuevas que excavan en la nieve, que hay que encontrar, medir, con los riesgos que esto supone de sufrir un ataque de la madre celosa de sus crías, etc. A esto se añaden las dificultades por usar erramientas estropeadas u obsoletas y también los roces que suone la convivencia en unas situaciones límite y por el carácter de los dos protagonistas, metódico y obsesivo el del científico, más caótico el del escritor, pero los dos son muy conscientes de que en la tundra no se puede dejar jamás a nadie solo. Un buen libro para un público amplio. Luis Ramoneda