Miguel de Cervantes. La conquista de la ironia

Ni desvalido ni predestinado, Cervantes logró escapar de su tiempo para plantarse en el centro del nuestro. Sólo los clásicos viven como auténticos modernos pero ninguno lo es tanto como Cervantes en el Quijote. Ahí anida late algo más que una obra maestra porque ese libro nace del derrumbe de un mundo vital y, a la vez, de la pervivencia de sus razones secretas. Su biografía real es la causa latente y diáfana de la invención de lo que nadie había inventado hasta entonces: la novela moderna y una visión irrenunciablemente irónica de la realidad humana. Esta biografía narra a pie de calle los avatares personales, militares, cortesanos, familiares y literarios de un escritor tan vivo hoy como lo ha estado desde su muerte el 22 de abril de 1616.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2016
472
978-84-306-1764
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Imagen de José Ignacio Peláez Albendea

Jordi Gracia, Catedrático de Literatura de la Universidad de Barcelona, ha escrito una magnífica biografía del autor de El Quijote, en el año que se celebra el IV Centenario de su fallecimiento. En esta biografía se resalta:

La vida de Miguel de Cervantes, y su siglo, el XVI español y la primera parte del XVII, es apasionante: Sevilla, cuando era el centro económico del mundo; antes, Alcalá, Valladolid, Madrid… Su estancia de joven en Italia, su participación en la batalla de Lepanto, donde fue derrotado el dominio naval turco, y fue herido de gravedad el joven Miguel Cervantes, perdiendo la mano izquierda; su captura con su hermano Rodrigo y cautividad en Argel, donde había más de 25.000 cristianos presos en espera de ser rescatados, sus cinco intentos de fuga; sus dificultades para salir adelante, su trabajo como recaudador de impuestos, su prisión… Los preparativos para la Armada Invencible contra los ingleses. La corte del Rey Felipe II, el soberano más poderoso de su época…

La familia de Miguel de Cervantes, su boda, las dificultades familiares de sus hermanas, y otros avatares familiares…

Los escritores del siglo de oro español: Lope de Vega, su primera amistad, y su posterior animadversión, Mateo Alemán, Luis de Góngora, el joven Francisco de Quevedo, Vélez de Guevara, Villamediana, y tantos otros, que van circulando por esta documentada biografía.

Y al filo de este relato, cómo va componiendo Miguel de Cervantes, primero La Galatea, los poemas y obras de teatro… Y su década prodigiosa desde la publicación en 1604 de la primera parte de El Quijote, que tuvo un éxito inmediato, hasta Las Novelas Ejemplares, Los Entremeses, la Segunda parte de El Quijote y la publicación, ya póstuma, de El Persiles.

Me ha interesado este siglo que vivió Miguel de Cervantes y la gran galería de hechos memorables y de personajes políticos, militares, literarios y eclesiásticos que se cruzan en su biografía y que Jordi Gracia retrata con respeto y acierto.

He echado en falta una mayor comprensión del autor de la biografía sobre el alma y corazón cristiano de D. Miguel de Cervantes. Me da la impresión que no ha sabido calar en el fondo del Cervantes persona, y como consecuencia, en su gran obra El Quijote. Si no he entendido mal, Jordi Gracia sostiene que Cervantes es el inventor de la novela contemporánea porque supo reflejar en su escritura que “no hay verdades absolutas, que una cosa y su contraria pueden ser igualmente verdaderas”, y esa distancia literaria que toma de la verdad, sin ser un escéptico ni un relativista, es la base de su gran hallazgo: la conquista de la ironía.

Respeto esa opinión e incluso la suscribo, con esta salvedad: pienso que Cervantes era un profundo conocedor del alma humana por experiencia vital y por reflexión personal, y precisamente porque sí tenía por ciertas algunas –pocas- verdades absolutas, las que tiene un buen cristiano con una buena formación, como era el caso de Miguel de Cervantes, pudo escribir El Quijote, tomando distancia de muchas ideas que se toman por verdades absolutas y no lo son en realidad.

La cosmovisión cristiana, de la que participaba por convicción profunda Cervantes incluye un modo de ver a Dios, el hombre y el mundo. Por supuesto, esta verdad es poliédrica y puede verse desde distintos puntos de vista. Y precisamente quien tiene claros estos pocos absolutos morales, se da cuenta de que todo lo demás es relativo. Me parece que este es el fundamento de la capacidad del autor de El Quijote de escribir como escribió, con una mirada llena de compasión hacia sus personajes, riéndose y llorando con ellos, mirándoles en cierto modo “con la mirada de Dios”, de la que participa un cristiano cabal, como Cervantes, que da importancia a lo realmente importante (muy poco, “lo único necesario”, en expresión evangélica), y toma distancia de todo lo demás, leyendo los avatares de la vida “sub specie eternitatis”.

Fruto de esta visión es el sentido del humor y la comicidad en el tratamiento de los personajes, las sabias palabras y conversaciones de El Quijote y Sancho, y sus acciones, muchas veces disparatadas, pero llenas de humanidad.