Puente de paso

La autora se traslada a Japón para el rodaje de una película basada en su novela La gran ola. Encontrándose allí muere su marido (para ser exactos su segundo marido) en los Estados Unidos. Llevaban treinta y dos años casados y los siete últimos él había padecido la enfermedad de Alzeimer. Tenían cuatro hijos adoptivos. La autora siente el dolor de la separación y se pregunta si se volverán a encontrar. Mientras tanto nos habla de Japón y de la película que han ido a rodar.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1990 Plaza&Janés
320

Primera edición USA 1964.

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La sencillez con la que escribe Pearl S.Buck presta interés a lo que en otro autor serían detalles intrascendentes como el rodaje de una película, o tan íntimos que resultaría imposible trasladarlos al papel, como el dolor por la muerte del esposo. Puente de paso tiene el valor de un diario sin serlo, de unos recuerdos sin sistematizar, de la queja ante la pérdida de la persona amada por quien nunca se ha sentido con derecho a quejarse y de una acción de gracias por quien ha vivido toda su vida en una actitud de agradecimiento. También es un ensayo sobre el Japón de después de la Segunda Guerra Mundial y sobre la muerte. En su infancia y juventud Pearl vivió en China y cuando el calor se hacía angustioso en Nanking la familia se trasladaba a Japón a pasar sus vacaciones. También se instalaban en Japón cada vez que una revolución agitaba el continente. Décadas más tarde la autora vuelve para el rodaje de una película y encuentra el mismo pueblo discreto, acogedor y amable; constata el proceso de occidentalización que se ha producido y la mejora en la condición de la mujer. Pero él, el hombre al que ella amaba ya no le acompaña y Pearl desearía volverle a ver. Los padres de la autora vivieron y murieron en China como misioneros de la iglesia presbiteriana; ella misma trabajó allí como profesora para la misma iglesia, por eso sorprende al lector que no acuda a pensamientos cristianos para consolarse por la pérdida de su marido (nos cuenta que él era ateo y escéptico sobre la otra vida), sino a reflexiones de tipo cultural como la filosofía de Einstein, entonces tan de moda: "Nada se crea ni se destruye, sólo se transforma". Piensa que la ciencia es el "puente de paso" para el más allá. Esto nos demuestra, una vez más, la necesidad de llevar la fe a la cultura contemporánea: a la palabra y la filosofía, a los misterios de la ciencia y del hombre.