Retahílas

En Retahílas, el viaje que realiza una anciana al pazo familiar para morir, acompañada de su nieta Eulalia, y la llegada sorpresa de Germán, el sobrino de Eulalia, producirá durante esa noche un intenso diálogo entre los dos que dará lugar a seis monólogos, en los que cada uno reconstruirá y contará qué ha sido su vida hasta entonces.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2009
216
978-84-9841-264
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
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La novela de Carmen Martín Gaite anda entre un estilo realista y fantástico.

Empieza con un Preludio y termina con un Epílogo que enmarca un diálogo entre dos personajes: tía y sobrino, Eulalia y germán, que se reunen en Louredo junto a la abuela agonizante. La situación se prolonga toda la noche, y esto da pie a que cada uno, por el mero hecho de contarlo al otro, reconstruya lo que ha sido su vida hasta ese momento. La intervención de cada personaje ocupa el capítulo entero, de modo que los 11 monólogos que se suceden reproducen un diálogo. El engarce está bien elaborado. La última frase de uno tiene que ver con la primera del siguiente. Esto facilita el hilo narrativo.

Si al principio ambos son casi extraños, a lo largo del diálogo su comunicación afectiva va aumentándose, enriqueciéndose, en una tensión creciente, que solo rompe la llegada de la madrugada, y la entrada del tercer personaje: Juana. A través de sus ojos el narrador que había desaparecido en el Preludio, describe la posición recogida, íntima y entregada en la que haya a Eulalia y Germán.

Es en ese momento, y a través de Juana, medio familiar medio criada, cuando el lector cae en qué tiempo concreto está.. Es esta una estrategia de focalización propio de la autora.. La autora juega con el tiempo y el espacio.. Y frecuenta el tema del sueño o las ensoñaciones. Interrupciones de tipo fantasioso. Por ejemplo la aparición del caballo negro cuando Eulalia sale al monte para escapar del agobio de la casa y de Juana. Se lo cuenta a Germán. Y no sabe si lo había soñado o no. Y vuelve a hablar de él al final.

La autora hace una fusión entre lo real y lo posible.... Es una literatura ligada a una inseguridad, o a las fuerzas extrañas y misteriosas que marcan la vida. La abuela que quiso ir a morir al pueblo, favorece el encuentro entre los dos protagonistas.

A lo largo de los diálogos hablan de todo: sus vidas, sus amores, encuentros y desencuentros, sus creencias (que en cierto modo son pobres, clericales, superficiales; como cuando habla de lo que para ella era la confesión una "tarea ingrata y agobiante, era hacer coincidir quieras o no lo libre con lo impuesto, y qué duro acomodo hablar de cuerpo y alma a través de los agujeritos del confesionario y en aquella postura tan incómoda con el zoquete de Don S...". "Pues con él me tocaba confesarme, hijo, me costaba sudores de muerte, tenía que hacer ensayo general la noche antes..." (p. 37 en la 3º ed. de Ed. Destino, 1994).

Hace referencias literarias (Luces de Bohemia, Valle Inclán, Alan Poe, Hermanos Grimm...).

Entre ellos son muy sinceros, rayando en la grosería como cuando Germán le dice a su tía cómo su padre hablaba de ella: "decía al mismo tiempo que tú eras una bestia parda, que ninguna chica pegaba tan fuerte como tú".... (p. 50-51); hablan sobre la culpa (p. 60)... la libertad, la sexualidad, la insatisfacción...En fín hablan de todo y al hacerlo es como que recomponen sus propias existencias extrañas y complejas.

La novela está muy bien escrita. Y es un placer leerla, aunque los personajes tengan un discurso complejo y unas vidas truncadas.