Sanar la vergüenza que nos domina

Vergüenza es el sentimiento que nos conduce a vernos como seres imperfectos y a no querer mostrarnos ante los demás tal como somos. La vergüenza es una pasión dolorosa y lleva a crear una imagen ficticia que exteriorizamos con la esperanza de que resulte aceptable para los demás. La vergüenza produce ansiedad y quita la paz. Hay que desenmascarar esa vergüenza, que el autor denomina tóxica y sustituirla por una vergüenza sana: aceptar que somos limitados, que cometemos errores y aun así merecemos amar y ser amados.

Ediciones

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2004 Ediciones Obelisco
342
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Comentarios

Imagen de Alejandro Monteperto

Excelente. Muy bien.

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Este libro es extenso y complicado. Repetitivo en ocasiones. "Sanar la vergüenza…" hace referencia a la imagen que tenemos de nosotros mismos que no siempre es la que queremos ofrecer a los demás. La vergüenza es un sentimiento primario, consecuencia de la valoración que tenemos de nosotros, que se introduce en el sujeto durante sus primeros años de vida y se quedará ahí para siempre, aflorando en forma de patrones de conducta defectuosos. El autor explica muy bien aquello que los psicólogos llaman "el niño interior", que no es más que el conjunto de sentimientos dañinos que anidaron en nosotros durante la infancia, de los que podemos no ser ni siquiera conscientes, pero que necesitan ser educidos y sanados. Todos hemos escuchado que la falta de afecto en la infancia –el sentimiento de abandono- es el origen de múltiples desarreglos psicológicos. El autor relaciona el sentimiento de abandono con la vergüenza. De hecho pretende –abusivamente, pienso yo- relacionar la vergüenza con todas las enfermedades psíquicas. Distingue entre vergüenza tóxica y vergüenza sana. Esta última nos recuerda que somos imperfectos y susceptibles de cometer errores, pero dignos de ser amados. Lo contrario de la vergüenza no es la "sinvergüenza", sino el conocimiento y aceptación propios. El "sinvergüenza" carece de límites y pasa por encima de la consideración que merecen los demás. Bradshaw es clarividente al señalar las formas bajo las que se esconde la vergüenza: perfeccionismo, compulsividad, necesidad de control y juicio o desprecio hacia los demás. Indirectamente la evitación de los otros y, cuando nos convencemos de la inutilidad de nuestros esfuerzos de control, la parálisis por agotamiento de la voluntad. La vergüenza puede surgir a raíz del comportamiento incorrecto de los miembros de la unidad familiar. Es decir se hereda sin culpa propia. La vergüenza suscita un dolor intenso, una conciencia de ser defectuoso sin remedio. El autor es lúcido al definir la vergüenza, pero no tanto al proponer procedimientos para superarla. Propone una curación a través de la fe y la oración; sin embargo las formulas que propone al lector para iniciarse en la meditación son de carácter oriental, tales como regular la respiración, expulsar el sentimiento de culpa e ir perdiendo paulatinamente la conciencia del yo. Nada que ver con la oración que nos enseña Jesucristo. El autor afirma que cada sujeto puede tener un concepto diferente de lo que es el Ser Superior, aunque Bradshaw manifiesta creer en el Dios de Nuestro Señor Jesucristo. La relación que establece el autor entre psicología y sanación espiritual o religiosa nos parece muy forzada y no que tiene mucho que ver con el cristianismo.