Santuario

Santuario, publicada por primera vez en 1903, es una rarísima novela de Edith Wharton, inédita hasta hoy en castellano. La obra narra la historia de Kate Orme, una mujer joven cuya dicha conyugal se rompe cuando se enfrenta cara a cara con el oscuro secreto que esconde su prometido, Denis Peyton, un hombre de fortuna, pero con un pasado gobernado por las mentiras y por los engaños. Cuando ambos tienen un hijo, y Denis muere, Kate se convence de que el espíritu de su marido permanece en su joven vástago, traspasándole en cierto modo sus vicios morales. Se consagrará desde entonces a luchar para que eso no ocurra.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
168
Valoración CDL
3
Valoración Socios
3
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Interpretación
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Género: 
Libro del mes: 
Marzo, 2008

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Un libro lo integran tres elementos: en primer lugar y principal la obra literaria; en segundo lugar la traducción, cuando va a ser publicado en una lengua distinta de aquella en que la obra fue escrita; por último la edición con todos sus componentes: encuadernación, impresión, calidad del papel, introducción, notas e índices. Todo forma parte del libro y se dirige a un mayor disfrute del lector así como a prepararle para la lectura que va a realizar. La presente edición de Santuario, muy buena, contiene dos elementos disuasorios para el lector: la información biográfica sobre la autora impresa en las solapas de la sobrecubierta y la Introducción. La reseña biográfica nos informa que Edith Wharton nació en Nueva York en 1862 en el seno de una familia acomodada. A los veintitrés años contrajo matrimonio con un hombre doce años mayor que ella; éste le era infiel y la autora sufrió una enfermedad nerviosa por la que tuvo que ser ingresada. Divorciada y sin hijos huyó a París donde mantuvo un romance con un periodista bisexual al mismo tiempo que ella misma mantenía relaciones con mujeres. Después de lo anterior lo lógico sería que continuara el libro con una tesis doctoral sobre las causas de la bisexualidad y no con una novela romántica, costumbrista y psicológica. Demasiada información que nos desvía del sentido de la novela, la cual pretende ser espiritual y utiliza una prosa lírica y cuidada. La Introducción es igualmente irritante. Si la autora desea provocar algún sobresalto en el lector dejémosle que lo haga ella misma, sin ayudas.

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Según la sinopsis y la introducción, la novela trata del drama apasionado de una madre que expía su culpa (la de haberse casado con un hombre corrupto) ejerciendo de madre ejemplar. Según este planteamiento debemos tomar como presupuesto que la autora pretende presentarnos un modelo de mujer paradigmático, cuya entereza y ponderación se ponen en juego ante una crucial decisión moral que su hijo debe tomar. Debemos tomar, por tanto, el dilema moral que se nos plantea como criterio para interpretar la novela, y alabar, por él, la perspicacia, la intuición, la pasión, el desvelo… el amor de una mujer y madre. Sin embargo, en el transcurso de la narración, a mí, se me han delineado los perfiles de un monstruo, de esos que produce la “razón ilustrada”. Un sistema perfecto de maternidad: un control científico de variables; un método matemático de actuación. El capítulo primero de la segunda parte me produjo verdadero horror. Allí se describe la personalidad –atractiva- del hijo de Kate, de modo tal que toda virtud, toda nota de carácter, ha sido producto de una previsión y una actuación sistemática y concienzuda de una madre que “sabía muy bien lo que quería para su hijo”. La lucha interna de Kate ante la terrible decisión que debe tomar su hijo, se puede interpretar como el desprendimiento sacrificial –al estilo de Abraham- en pro de la liberación del fruto de sus entrañas; sin embargo yo lo he visto como el momento de la prueba donde se corrobora la validez del sistema. Con esta interpretación y si tomamos a Kate Peyton como paradigma de desvelo materno, podríamos deducir que la novela está inspirada por aquella clase de feminismo pervertido que anhela el ideal de poder de la virilidad, y que satisface su frustración de ser mujer anulando o manipulando al hombre; la maternidad se nos presenta, sí, como un santuario; pero es el santuario de un dios pagano: déspota y esclavista. Por el contrario, si lo que la autora pretende es denunciar esa clase de maternidad, estaríamos ante un buen ejercicio literario si hubiera señales, más o menos explícitas, con las que reconocer ese propósito. El dilema moral de la novela es la razón que justifica “racionalmente” la actuación de la madre; la actuación de la madre es enfermiza. Lo que no queda claro es si esa “justificación” es una aprobación o una denuncia.

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Como ocurre con muchas novelas de Henry James, en esta nos vemos inmersos, desde el primer momento, en un problema de conciencia. Según lo formula la protagonista es, mejorando la expresión, un problema de falta de conciencia, pues reprocha a quien va a ser su marido que sólo recurre a la conciencia cuando hay una utilidad. Gentes sin conciencia, es lo que ve a su alrededor, y al lector le hace plantearse la misma problemática. A ella le ocurre dos veces en su vida encontrar un modo de actuar que resulta, vista con frialdad, bastante amoral. Las personas con frecuencia se plantean más sus intereses que la bondad última de las cosas. El libro es marcadamente psicológico por lo que da pie a dar vueltas a replicas y contrarréplicas. Que pasaría si yo actuara de esta manera, que sucede mi hijo se decide a hacer aquello, cuales pueden ser las consecuencias. Una recreación en la moralidad viva del día a día, a través de dos actuaciones muy concretas pero que podían haber sido cualquier otra. Un libro que no deja a nadie indiferente.