Tiempo de matar

En Clanton, Mississipi, dos traficantes borrachos secuestran, violan y dan por muerta a una niña de diez años. Su padre, Carl Lee, de raza negra, mata a los violadores cuando estos se encuentran detenidos a la espera de juicio. Cuenta con que su abogado le libere en un par de días, pero la opinión mayoritaria mantiene que es culpable y que deberá pagar por estas dos muertes. Grisham se pregunta: ¿habría reaccionado de la misma forma el jurado si los violadores hubieran sido negros y el padre de la víctima un blanco?

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
1989
472
84-08-01242-8

Primera obra publicada por el autor

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El autor plantea una cuestión válida: ¿puede un hombre hacer justicia por sí mismo a los violadores y asesinos de su hija o debe ser condenado? A lo largo de la novela se van desgranando las distintas respuestas posibles. Veámoslas. En primer lugar tenemos la "ley del oeste", según la cual un hombre ha de poder defender a su familia. Carl Lee, padre de la niña, es un hombre integrado en la comunidad en tanto que los violadores son dos antisociales, "basura blanca". Luego Carl no sólo debería ser declarado inocente sino felicitado por su acción. Es la opinión de una parte de la comunidad local incluída la Policía. El punto de vista tradicional sureño es el de que un blanco puede "castigar" a un negro, pero, en las mismas circunstancias, no puede permitirse que un negro levante su mano contra un blanco. Es la actitud del Ku-Kux-Klan, que hace un "cameo" en esta novela. Por contra los líderes y activistas negros consideran que la condena de Carl es una condena contra toda su comunidad y se esforzarán para que sea absuelto. Jake Brigance, abogado de Carl, se agarra al único resquicio que le deja la Ley y alegará en su defendido un trastorno mental transitorio que le exima de responsabilidad. Tiene en contra el hecho de que el crimen ha sido premeditado y que se han producido daños a un tercero: el policía que custodiaba a los presos ha resultado herido y perdido una pierna. Curiosamente el guardián de la ley admite que Carl hizo lo que tenía que hacer y no le guarda rencor. Por último está el punto de vista de la familia de Carl sobre lo que se ha llamado "victimización secundaria", aunque ellos no lo expresen con estas palabras. A raíz de la violación e intento de asesinato, la pequeña Tonya y su madre practicamente han enloquecido. El ingreso en prisión del padre conlleva la imposibilidad de trabajar y ganar el jornal, su familia vive de la caridad y corre el peligro de perder su vivienda por no poder pagar la hipoteca. A parte está el problema de cómo pagar a los abogados, los peritos y otros gastos del juicio. Desde este punto de vista sería recomendable suspender la condena de Carl para no producir la "doble victimización" de su familia, pero esta suspensión no está contemplada en la Ley; para ésta se es culpable o inocente, sin medias tintas. Dentro de estos parámetros el autor pone de relieve la dificultad para hacer justicia en una población dividida; la venalidad de jueces y fiscales sujetos a influencias; de los peritos dispuestos a defender una opinión y la contraria siempre que se les pague por ello y la de los mismos jurados. Mientras los abogados pelean en la calle para ver quién llevará el caso, que, de prosperar, les proporcionará fama y dinero, el acusado se siente impotente al carecer de recursos para pagar a abogados, peritos y si hiciera falta a los mismos jurados. Se trata de denunciar una situación, pero, como la vida misma, el autor no es capaz de dar a la novela un final satisfactorio. Destacan las dotes de Grisham para recrear ambientes, personajes y mantener la atención del lector; parece mentira que se trate de una novela de iniciación, pero, aún así, las de Grisham no dejan de ser novelas de entretenimiento.