Un hijo

El protagonista es Guille, un niño de nueve años introvertido y sonriente, que tiene a su padre en paro y a su madre trabajando como azafata en Dubái. Su ámbito social se ciñe a una única amiga, una niña paquistaní, de religión musulmana. La profesora de Guille observa aspectos curiosos en su conducta como su veneración por Mary Poppins, así como una eterna sonrisa siempre unida a un cierto hermetismo.  Por todo ello, pide ayuda a la psicóloga del centro educativo para averiguar qué hay en la vida del niño que su imaginativo mundo interior no deja traslucir. A partir de conversaciones, redacciones y dibujos de Guille, la psicóloga va componiendo las piezas de un puzle.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2015
288
978-84-941857-5

Premio Joaquim Ruvira, 2014

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Comentarios

Imagen de acabrero

Es una historia curiosa, yo diría que poco creíble –es una novela, ya…- porque un niño de 9 años no suele ser como Guille. Pero en fin, de todo hay en la vida. La intriga es un tanto forzada, ya que consiste en dejar cada capitulillo cortado como si fuera a decir algo sensacional en el siguiente, pero luego ese algo solo se da en el último capítulo, y para mí, un tanto decepcionante. Y digo para mí porque sé que a otros lectores les ha conmovido. Me parece como si el libro hubiera sido engrosado a la fuerza, pues lo que dice es poco. Y las tendencias femeninas de Guille… En fin, no quiero decir más de la cuenta.

Imagen de amd

“Un hijo” es un relato  lleno de ternura, en el que podemos escuchar las voces de los propios protagonistas. Estructurado en breves capítulos, las voces en primera persona de los personajes se van alternando para darnos en cada momento su propio punto de vista y una perspectiva personal sobre los hechos; así pues, cuatro narradores van desgranando la trama que se complica poco a poco: la voz de la señorita Sonia (la profesora de 4º de Primaria), la voz de María (psicóloga y orientadora del colegio), la voz del padre (Manuel Antúnez) y especialmente la voz de Guille, un niño de 9 años, ingenuo, de mirada limpia, de eterna sonrisa, “aparentemente feliz”.
Desde el punto de vista del discurso, el autor sabe dotar a cada uno de los personajes con un lenguaje propio y específico que lo caracteriza: sus palabras nos hablan de la visión certera de la profesora, de la introspección psicológica de la orientadora, de la personalidad introvertida del padre y de la inocencia de Guille, que observa, siente, sufre y reflexiona, pero no tiene suficientes recursos para comunicarse y expresar sus sentimientos, aunque finalmente sabe llegar hasta la verdad. El autor consigue un retrato muy acertado de la mentalidad infantil, y así el personaje en apariencia más frágil oculta una sólida personalidad, “la punta de un iceberg” tras la que se esconde un profundo misterio.
Se trata de una novela muy interesante para reflexionar sobre las relaciones y la comunicación entre padres e hijos, entre adultos y niños. Y, en especial, cabe destacar el papel fundamental que en la sociedad de hoy pueden desempeñar los profesores y los orientadores desde el ámbito educativo para llegar a todo tipo de problemas. Desde el principio, el autor nos da una clave para comprender mejor su obra: “Siempre es mejor saber”.