Un mundo sin fin

El conocido autor Follet desarrolla una intriga medieval, como decíamos, mientras se levanta una catedral, que ambienta en la ciudad de Vitoria (Spain). Es un mamotreto de más de mil páginas al módico precio de 30 euros que transcurre en el siglo XIV y tiene final feliz de mermelada.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2007
1136
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1
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1.857144
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Comentarios

Imagen de Navalpotro

La continuación de los pilares de la tierra. Claramente es un libro con el que se ha pretendido lucrar el autor. Creo que anuque está bien escrito y tiene unas descripciones muy buenas, la forma truculenta de enganchar al lector con los temas de la sexua lidad y de la iglesia al igual que el anterior lo desvirtuan mucho. Es un libro que no te mueres si no lo lees. No merece la pena leerlo.

Imagen de oscar pons

Libro malo donde los haya. Inflado a más no poder para venderlo más caro. Podría haberse quedado de las 1136 páginas que tiene en apenas 200. He de confesar que me salté páginas sino no lo hubiese acabado ni loco. Malísimo.

Imagen de almudena

La continuación de “Los Pilares de la Tierra” ha salido con una edición de 525.000 ejemplares colocados y agotados en un mismo día en todas las librerías. Es un claro ejemplo de un triunfo del marketing y de un producto que reúne todos los ingredientes para ser un long-best seller:

La acción es trepidante. Aunque al principio se hace un poco pesado, el ritmo no decae. Continúa la historia en los descendientes de los personajes de la primera parte. Trata temas muy recurrentes en la literatura, como el asesinato a los soldados mensajeros del rey, la traición contra este, la picardía de los pobres que tienen que procurarse la comida cada día. Y todo ello bajo el hilo conductor de una carta que ya ha costado la vida de muchas personas por el secreto que esconde. Muchos de los pasajes recuerdan a las novelas de Dumas. Los monjes infieles o corruptos se repiten a los descritos en “El nombre de la rosa”, que después han sido repetidos en todas las novelas de gran tirada (“Código da Vinci”, “la Catedral del mar”, “María Magdalena”, etc.).

Los personajes son estereotipos de la concepción de héroe-villano. Hay “buenos” muy buenos: valientes, leales, nobles, heroicos. Y otros “malos” muy malos, sin posibilidad de redención: villanos, traidores, corruptos. Ha ampliado el número de personajes que aparecen en “Los pilares de la tierra”. Ha incluido cuatro protagonistas: Merthin, carpintero; Caris, amada del anterior y que quiere ser médico; Ralph, cruel hermano de Merthin que quiere ser caballero; y Gwenda, amiga de Caris y campesina. A su vez están relacionados entre sí y junto a otros son veinte los personajes importantes en el desarrollo de la trama. Esto hace que los encuentros amorosos y sus frutos dificulten saber quién es hijo de quién. En este sentido, el sexo explícito supera al de “Los Pilares de la Tierra”. Ni qué decir tiene que es innecesario para el desarrollo del argumento.

Proporciona conocimientos históricos al lector, aunque edulcorados. Se nota que ha realizado un estudio sobre reflejando la vida tal cual podría ser en el siglo XIV. Sin embargo no alude a la influencia de la vida europea de este siglo, toda la acción transcurre en Kingsbridge y sus alrededores. Los protagonistas tienen reflexiones propias del siglo XX. Así Caris, la protagonista decide que será médico, en una época de la historia en que la mujer vivía primero preparándose y después poniendo en práctica lo aprendido para el matrimonio. El lenguaje es contemporáneo, no aparece el latín, ni otros extranjerismos de la época. En este siglo la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra determinó esta época de la historia, pero el autor no la contempla.

Se trata el descubrimiento de los enigmas y fraudes de la Iglesia Católica. Se intenta argumentar desde situaciones seguramente reales, pero no mayoritarias, un laicismo radical. Comienza el libro describiendo una escena en que el viento apaga las velas en la Catedral, “en ese instante dos monjes aprovechan a besarse sin que nadie les vea, mientras otro acaricia a una mujer”. De este modo se llega a la conclusión de que la Iglesia es un invento humano, y se manifiesta en que los hombres que pertenecen a ella y la dirigen han sido los protagonistas de los mayores pecados para conseguir el poder. No aparece ningún eclesiástico ejemplar. Los que aparecen como fieles seguidores de la doctrina Católica no son sino rancios segundones de las familias que tienen fe en sí mismos y un voluntarismo más fuerte que la razón. El hombre es capaz de todo con la única ayuda de la razón para discernir lo que le conviene y el esfuerzo para conseguirlo.

El libro es un tópico por el tema, los personajes y el desarrollo. El final de la historia, “pastelón” y previsible, se puede adivinar antes de terminar los ocho primeros capítulos.

A los que les ha gustado sólo dan una razón, es “buenísimo”. Esta es la frase más empleada en la sociedad del “pan y circo”, comer y pasarlo bien. Si la literatura no sirve para hacer reflexionar o aportar a la persona, vámonos todos al cine a ver aventuras, que no cuesta esfuerzo y es muy entretenido.

Imagen de JOL

A estas alturas del siglo XXI pocos pueden creer que un best seller es sinónimo de calidad. La mercadotecnia puede elevar hasta el Himalaya una novela que utilice los ingredientes básicos para un público poco exigente: intrigas y mentiras, época medieval y oscurantismo, conflicto entre fe y ciencia, la peste, prejuicio anticristiano, sexo, malos muy malos, a poder ser eclesiásticos o creyentes hipócritas, y buenos adelantados a su tiempo aunque incomprendidos y perseguidos por sus ideas. Esto hace Ken Follet en su mamotreto de más de mil páginas al módico precio de 30 euros.

Esta vez se titula «Un mundo sin fin», trascurre en el siglo XIV y tiene final feliz de mermelada. El sexo es un plato fuerte de la novela, no sólo de pasada, y con el morbo añadido de introducirlo en los conventos. Pero no se trata de una novedad porque desde «En el nombre de la rosa», hasta «El Código da Vinci», pasando por «Los pilares de la tierra», del mismo autor, es lo habitual en este género de entretenimiento al que los ingenuos acceden pensando que no pasa nada, pero su mente queda embadurnada con la omnipresencia del sexo y el desprestigio del cristianismo. Como en otros casos, esta obra tiene anacronismos, datos inexactos, y expresiones típicas de siglo XXI pero inconcebibles en otras épocas. Pero como se dirige a un público no exigente no pasa nada, ¿o sí pasa?