Herejía y tolerancia

 

En la interesante obra colectiva sobre los orígenes de la tolerancia en Europa, durante el siglo de las luces y en adelante, coordinada por la profesora María José Villaverde Rico, de la universidad complutense, hay varios trabajos que se detienen especialmente en la interacción entre intolerancia y herejía.

De hecho, una vez que se fueron asentando las diversas confesiones religiosas en Europa, enseguida se produjeron las primeras crisis institucionales, pues aparecieron herejías de esas herejías y el protestantismo comenzó a atomizarse en diversas sectas, según brotaban nuevos líderes o surgían nuevas y, a veces, extravagantes o proféticas, interpretaciones de la Escritura.

Por tanto, lo primero que entró en crisis en el mundo protestante fue el concepto de hereje o de herejía, lo cual era muy importante, porque en todas esas sectas el delito de herejía se hacía equivaler al de lesa majestad y llevaba consigo la pena de muerte.

De hecho, en la Paz de Westfalia, después de largas deliberaciones, se había decidido tolerancia para las tres religiones, y que en cada reino solo habría oficialmente la religión de su rey.

Enseguida pues, entró en crisis el concepto de herejía puesto que si se condenaba a muerte al hereje por separarse de la religión verdadera, entonces cómo confirmar que ellos mismos los eran.

Por eso la tolerancia se planteaba de modo distinto desde la Paz de Westfalia, donde se admitía tolerancia para más tres religiones que habían sido aprobadas, pero la intolerancia caía sobre era el hereje que rompiera de ellas (125).

Ian Hunter, en su trabajo de este volumen sobre Christian Thomasius (1655-1728), jurista político alemán, resalta que para Thomasius la tolerancia era un derecho del príncipe o del estado para imponerla a las comunidades intolerantes (117).

Poco después, nos recordará que según Thomasius habría que decir que “Herejía es un error persistente en los fundamentos de la fe de una persona que es o fue miembro de la Iglesia” (126).

Así pues para Thomasius: “la fe no es una cuestión de confesiones y doctrinas metafísicas sino de acceso a la voluntad de Dios tal y como se revela en la Biblia” (126).

Por tanto, añadirá seguidamente: “Para Thomasius la tolerancia como derecho político surge cuando los hombres fracasan en tolerarse mutuamente seducidos por el afán de los clérigos de gobernar a través de la religión, más dedican a perseguirse mutuamente, amenazando de ese modo la paz social y haciendo necesaria imponer políticamente la tolerancia entre la Iglesias y las sectas rivales” ( 130). De hecho, Thomasius intentó romper el vínculo entre verdad religiosa y autoridad coactiva (139).

Recordemos que Servet pidió tolerancia y no se le concedió y los protestantes le condenaron a muerte por hereje, de hecho los católicos lo reclamaron pues se había escapado, pero los calvinistas se encargaron de su ejecución.

 

José Carlos Martín de la Hoz

María José Villaverde Rico (ed.), Forjadores de la tolerancia, ed. Tecnos, Madrid 2011, 322 pp.