Manifiesto por una democracia radical

En las dos últimas décadas ha resurgido el conflicto en la política. Fenómenos como la crisis de 2008, la pandemia, el cambio climático o la nueva guerra fría han desmontado la ingenua creencia en el triunfo definitivo de la democracia liberal y la economía de mercado. Todas las promesas optimistas que construían la utopía del nuevo milenio se han venido abajo, hasta el punto de que los jóvenes ya asumen que vivirán peor que sus padres.

En este marco de desengaño e indignación ciudadana, el economista y expolítico Jordi Sevilla ha reunido una serie de propuestas de reforma para un tiempo en el que predomina el miedo al futuro y la nostalgia de un pasado inexistente, y en el que la desregulación económica desatada ha dado paso al retorno del Estado.

Un análisis del origen de la polarización y una propuesta para superar la antigua dicotomía entre derechas e izquierdas.

Ediciones

Edición Editorial Páginas ISBN Observaciones
2023 Ediciones Deusto
363
9788423436774
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2
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Nos encontramos ante un tratado académico acerca de la democracia de ayer, de hoy y para el futuro en España, pero también en el ámbito global. El autor señala como enemigos del sistema democrático al neoliberalismo, el populismo y la polarización social, y apunta que la democracia admite distintos modelos (pág.126). Leemos en la portada: "Un análisis del origen de la polarización y una propuesta para superar la antigua dicotomía entre derechas e izquierdas".

Aunque figura como autor el profesor, economista y político Jordi Sevilla, en los Agradecimientos (pág.363) se mencionan hasta siete colaboradores que han ayudado en la redacción de algunos epígrafes; la intervención de varios autores hace que el libro se extienda excesivamente, existan repeticiones y diferencias de criterio. El libro parece poco sistemático.

En la Introducción y capítulo 1, Sevilla hace una descripción muy acertada de lo que considera el populismo y sus causas. Este se apoya en las emociones del sujeto por encima de la razón, y proporciona al ciudadano desencantado con el sistema la ilusión de pertenecer a un grupo cohesionado enfrentado a ellos, los malos, los otros.

El autor señala como una de las causas de la decadencia actual de la democracia es la inmensa distancia existente entre el ciudadano y sus teóricos representantes electos, hasta el punto de poder afirmar: "No nos representan". Después añadirá que los políticos no se deben más que a los partidos políticos a los que pertenecen, de forma que podemos hablar de una partitocracia. Sugiere que se abran nuevos escenarios de participación social e incluso acudir a los referendos populares con más frecuencia y en determinadas materias.

El libro critica la desregulación económica como causa de la pobreza y reclama una mayor participación del Estado en la economía y la vida social; habla de la sustitución de la política por la propaganda y el marketing; de una nueva división del mundo en bloques entre los EE.UU. y China; la preponderancia de lo financiero y especulativo frente a lo productivo; y del cambio climático, que considera el problema más serio al que se enfrenta la Tierra. Defiende poner "los valores por encima de los intereses" (pág.100).

Algunas propuestas son claramente utópicas, como cuando sugiere que las empresas renuncien a la maximización del beneficio y se impliquen en los aspectos sociales de su actividad, o que se redacte una Constitución para la Tierra y una gobernanza mundial. Señala la actuación frente a la pandemia del covid-19 como un ejemplo de reacción mundial ante un problema global. Afirma que algunas instituciones, teóricamente de ámbito mundial como es la ONU, han quedado obsoletas.

Sevilla defiende la democracia como un sistema flexible, que admite avances y retrocesos, y que contiene "una concepción específica del ser humano"; pero añade una frase pesimista: "Hay que abandonar toda esperanza de mejora del ser humano y resignarse a que somos lo que somos, con lo bueno y con lo malo" (pág.144). Hay que decir que la naturaleza del ser humano no cambia, pero la cultura y la ley -incluso la religión- pueden hacerle mejor persona. Aprovecho para señalar que en algún momento encontramos expresiones despectivas de los autores para la religión y el catolicismo.

Se afirma que "un sistema democrático solo es sostenible si escapaz de resolver de forma eficaz los problemas de los ciudadanos" (pág.182) lo cual es verdad. Añade el autor que los ciudadanos deben tener cubiertas sus necesidades básicas y que "los servicios públicos son la armagasa que cohesiona a una sociedad" (pág.304), lo cual sigue siendo cierto; pero también hace dos preguntas importantes: "¿Cuánto es necesario para vivir bien? ¿Con qué bienes y servicios?", y excluye los caprichos o la posibilidad de que los ciudadanos vivan del Estado sin ningún tipo de esfuerzo personal.

Este libro contiene abundantes valores éticos, que se resumen en el respeto de los derechos humanos y en la promoción promoción de la dignidad de las personas. Contiene gran número de ideas sugerentes, unas inspiradoras y otras absolutamente utópicas, como la renta universal de ciudadanía. El lector podrá enterarse de lo que es la Agenda 2030, de la cual existe un Ministerio pero de la que no se habla. Insisto en el desorden del texto, la dificultad para leerlo y una cierta repetición de ideas. Tiene mucho de académico y por eso considero que sería apto para estudiantes de Ciencias Políticas y de Derecho.

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Una propuesta utópica para la economía del siglo XXI. Leer artículo >>