Ibañez Langlois, crítico literario

El libro Conversaciones con José Miguel Ibañez Langlois dedica un capítulo a tratar de la actividad del sacerdote como crítico literario.

Ibañez Langlois (Santiago de Chile, 1936) había cursado la licenciatura de Filosofía y Letras en la Universidad Central de Madrid, doctorándose con una tesis sobre la producción de un poema. Fue publicada con el título de La creación poética (Rialp, 1962) y de ella dirá el autor que fue "una especie de ideario mío para la crítica literaria" (pág.217).

I.L. se había graduado también en periodismo, lo cual le había de servir para aproximarse al mundo de la prensa y de la radio. A su vuelta a Chile, ya como sacerdote, El Mercurio le propuso publicar una columna semanal de crítica literaria en sus páginas dominicales. Lo hizo bajo el pseudónimo de Ignacio Valente y al parecer llegó a ver impresas más de 1.500 de estas colaboraciones (pág.202).

Declara que "su intención no fue nunca pedagógica, sino crítica y analítica" (pág.216). Rechaza la sugerencia de que podía haber favorecido a los poetas y escritores católicos. Basta recordar -señala el autor- "a cuántos autores católicos zurré en mis artículos y a cuántos ateos o agnósticos exalté" (pág.210). Para él, el mayor poeta en español del siglo XX es el Pablo Neruda, no católico.

"Errado o acertado en mis juicios -concluye- siempre fui fiel a mi conciencia literaria" (pág.219). Señala que rechazaba los estímulos económicos que las editoriales pretendían darle por comentar sus publicaciones, y que sólo esperaba de estas que le enviasen los libros recién publicados (pág.203). También recuerda cómo, en una ocasión, tuvo que desoir una recomendación del mismo director de El Mercurio, que ya nunca se volvió a repetir.

Para I.L. la necesidad de publicar una crítica semanal le obligaba a leer cinco libros cada la semana, pero advierte que "al menos dos de ellos solo los hojeaba para descartarlos si era el caso. Un tercero lo leía no para comentarlo, sino porque me interesaba para mantenerme al día. Y entre los otros dos debía elegir uno para el artículo dominical" (pág.219). Podemos imaginar la velocidad de lectura de este hombre y la disciplina horaria a la que debía someterse, ya que también daba clases en la Universidad y, sobre todo, debía atender a su labor sacerdotal.

Añade que en sus reseñas no utlizaba un estilo académico sino más bien periodístico, ya que "el lector dominical que hojeaba el diario tomando el desayuno no estaba para proezas intelectuales" (pág.208). En el aspecto formal, el crítico se vanagloria -luego se lamentará de haberlo hecho- de que tanto amigos como adversarios alaban "la fluidez de su prosa, el orden interno de los artículos, la sucesión orgánica de las ideas y la unidad del conjunto" (pág.219). Un ideal para cualquiera que escriba.

Juan Ignacio Encabo Balbín
Varis autores, Conversaciones con José Miguel Ibañez Langlois, EUNSA, 2025.