Santa Juliana de Norwich (1342-1416) es una de las primeras escritoras místicas católicas en lengua inglesa y de las más importantes autoras de teología espiritual de la Inglaterra católica medieval.
El objeto de sus escritos es narrar las visiones recibidas de Dios directamente: “Y esta es una alta oración imperceptible, según mi vista: porque toda la causa por la cual oramos, está unida en la vista y contemplación de Él a quien oramos”.
Es muy interesante observar la fijeza con la que anota nuestra autora los dones recibidos y la ilusión por plasmarlos: “Porque vi y sentí que Su maravillosa y abundante Bondad llena todos nuestros poderes” (119).
La atenta lectura de estas revelaciones muestra una conclusión certera: lo que recibe santa Juliana de Norwich es indudablemente una luz sobrecogedora a la que, al no poseer todavía la luz necesaria de Dios resulta de algún modo inexpresable, pue la palabra más certera sería sencillamente una luz cegadora.
Efectivamente, las palabras que recoge el texto expresan más un misterio que contenidos ontológicamente identificables que abren horizontes entitativos. Mas bien son pistas para que los teólogos espirituales puedan orientar su investigación para alcanzar metas más altas: “Verdad ve a Dios, y Sabiduría contempla a Dios y de estos dos viene el tercero: que es un santo maravilloso deleite en Dios que es Amor. Donde Verdad y Sabiduría están verdaderamente, allí está Amor verdaderamente viniendo de ambos. Y todo de la hechura de Dios” (121).
Podemos afirmar que santa Juliana está al nivel de Hildegarda de Bingen y de santa Teresa de Jesús que deslumbraron en su momento por haber aportado luces concretas y más prácticas a la teología espiritual que en aquellos años se denominaba sencillamente tratado de “ascética y mística”.
Es interesante constatar el número de páginas dedicadas al papel de la Virgen Santísima en la aplicación de la revelación cristiana al género humano y cómo la madre de Dios es ciertamente también muy madre nuestra. Al papel de la Virgen en esta obra de revelaciones le atribuye un papel insustituible de mediación: “Nuestra Madre Natural, nuestra Madre Graciosa” (185).
Finalmente, debemos subrayar la importancia atribuida en estas revelaciones al corazón misericordioso de Jesús que vuelve una y otra vez en búsqueda de los pecadores y especialmente de los inconstantes y de los desesperados. Nunca deja Dios de considerarlos hijos suyos, aunque ellos estén en el terreno de la verdadera indiferencia (195).
José Carlos Martín de la Hoz
Juliana de Norwich, Revelaciones del amor divino. Una obra maestra de la espiritualidad reconocida como el primer libro escrito por una mujer en Reino Unido, editorial Cántico, Córdoba 2026, 255 pp.