HAMMERSHOI (el ojo que escucha)

 

            Hasta el próximo 31 de mayo, se puede visitar, en el museo Thyssen-Bornemisza de Madrid, la interesante exposición sobre el pintor danés Vilhelm Hammershoi (1864-1916), autor no muy prolífico de una obra figurativa que, a partir de 1980, ha despertado el interés dentro y fuera de Dinamarca. Pintura del silencio, de escenas en las que predominan el blanco y los tonos grises, marrones y negros, con espacios vacíos o figuras aparentemente absortas e inactivas. Se lo ha llamado maestro de los interiores silenciosos.

            La exposición se ha estructurado en seis secciones. En Obertura, figuran los primeros paisajes de la década de 1880. Los lienzos de Retratos y figuras no los pintó por encargo, pues se trata de personas de su entorno (parientes, como su hermano Svend, ceramista y pintor; músicos, Alfred Bramsen, su mecenas…). A su mujer, Ida Ilsted, con quien se casa en 1891, se dedica una sección que lleva su nombre, pues fue modelo habitual de sus cuadros y lo acompañó con discreción y constancia en los viajes y en las estancias en el extranjero. Sigue la muestra con Interiores, cuyos motivos son rincones de las distintas casas en las que vivió –bien vacíos bien con alguna figura de espaldas–, que nos recuerdan las escenas domésticas de la pintura holandesa del siglo XVII, aunque no con el colorido de esta y con una mayor austeridad decorativa (para que el visitante pueda compararlos, se han incluido algunos cuadros de pintores de aquella época, pertenecientes al propio museo). Con el título de Paisajes rítmicos, se agrupan óleos de paisajes urbanos y rurales, en los que las líneas arquitectónicas y la luz juegan un papel primordial. La muestra se concluye con Años finales, donde se centra en la figura humana, en formatos grandes, y en los interiores del apartamento de Copenague al que él y su mujer se trasladaron en 1913.

Luis Ramoneda