Llama mucho la atención cómo la figura y la sonrisa de Pedro Ballester se ha ido extendiendo por el mundo entero. No solo es que haya comenzado su proceso de beatificación y canonización, sino que son ya muchos los que acuden a su intercesión y se contagian unos a otros la devoción privada a este santo de nuestro tiempo.
Indudablemente, con estas líneas, no queremos anticiparnos a la decisión del magisterio de la Iglesia que, por cierto, queda mucho todavía para que se produzca, porque “las cosas de palacio van despacio” y porque la Iglesia es sabia y sabe que necesita esperar a dar su dictamen hasta que hayan pasado años de contagio de la devoción probada alma a alma.
Efectivamente el papa Francisco en la audiencia que concedió a los postuladores y miembros de tribunales diocesanos del mundo entero que nos dedicamos al estudio y promoción de la santidad canonizada y canonizable, quiso prevenirnos con internet y con esos santos “efímeros” cuya devoción privada se hace de repente “viral” y al cabo de unos meses desaparece como los pantalones que se ponen de moda y son sustituidos por otros y todo sigue como si nada.
El santo Padre subrayaba la importancia de las estampas, del contagio boca a boca, cuando nos decía, una madre se acercaba a su hija tensa y nerviosa por un examen o una prueba oral y le aconsejaba rezar a tal santo o a tal candidato a la santidad, siervo de Dios, venerable y beato para que interceda delante de Dios y nos alcance la gracia de solucionar nuestro `problema material o espiritual.
A la vez nos recordaba el papa Francisco que cuando uno se siente “mimado” por un santo que, prontamente acoge nuestras peticiones y alcanza de Dios la ayuda necesaria, nos movemos a preguntarnos “¿Por qué me quiere tanto?”, en qué facetas de su vida debo fijarme para aprender y mejorar mi relación con Dios y con los demás, de qué es modelo este “mi intercesor favorito”.
Precisamente, la nueva semblanza de Pedro Ballester (1996-2018) de Paloma López Campos pone el acento en el camino acelerado hacia la santidad que recorrió Pedro, mostrando facetas de su vida ciertamente muy atractivas para los jóvenes de nuestro tiempo: su sonrisa, su caridad extrema, sus deseos de contagiar paz en las conciencias a sus amigos y compañeros, deseos de servir a la Iglesia atrayendo a muchos jóvenes al amor de Dios y a iluminar de amor desde dentro el mundo entero.
Esta nueva semblanza hará mucho bien y llevará a que muchos hombres y mujeres de nuestro tiempo recurran a los santos, amigos de Dios y amigos nuestros para alcanzar de Dios la ayuda que siempre necesitamos en lo grande y en lo pequeño de nuestras vidas.
José Carlos Martín de la Hoz
Paloma López Campos, Pedro Ballester, Un apóstol del siglo XXI, Palabra, Madrid 2026, 142 pp.