Gustavo Bueno (1924-2016), catedrático de Filosofía de la Universidad de Oviedo desde 1960 hasta su jubilación y su continuación hasta la muerte, fue un modelo ejemplar de dedicación incansable al mundo del pensamiento.
Fiel al materialismo dialéctico, no abandonó sus posiciones radicalmente marxistas en ningún momento de su vida académica, aunque como nos explica Alberto Esteban Muñoz (Valladolid 1976) en este trabajo, también fue preso de las dudas y del escepticismo y de la presencia de la tensión entre el tiempo y la eternidad.
Es de todos conocido que su pensamiento, profundamente crítico, nunca se dejó domeñar por la comodidad o por los condicionamientos políticos ni por la oportunidad, o el deseo de quedar bien. Pocos minutos antes de morir le animaba a su hijo a poner los cañones dialécticos contra el dogmatismo científico, como podría hacerlo del dogmatismo moral (13).
Realmente era hijo de Feuerbach cuando se preguntaba si Dios había creado al hombre, o el hombre había creado a Dios. La respuesta, aparece nítidamente en este libro, para Gustavo Bueno era que el hombre había creado a Dios y este libro es una prueba de una construcción filosófica consecuente con lo anterior (53).
Indudablemente el sistema no le cuadraba, puesto que el mundo del espíritu es real y ha orientado la vida de muchos millones de hombres y de mujeres tan coherentes como Gustavo Bueno, por eso, llama la atención la elegancia y la tolerancia con la que este profesor podía respetar el modo de pensar y de vivir de los creyentes siendo un hombre sin fe.
Basta con leer los capítulos sobre la lógica de Gustavo Bueno para descubrir que, al igual que Kant, construye un andamiaje que parece lógico y coherente, pero es tan subjetivo e inmanente que es incapaz de trascender y hacerse moneda común (44), mientras que el humanismo trascendente que procede de santo Tomás y de Francisco de Vitoria ha logrado trasformar el humanismo pagano y ahora el humanismo global en un humanismo cristiano. Capaz de afirmar: No a la guerra y no al totalitarismo capitalista (169).
En ese sentido la historia ha mostrado que hombres como Gustavo Bueno son importantes en la democracia pues muestran cómo podemos convivir y respetarnos creyentes y no creyentes, como ignorantes e intelectuales, sabios y analfabetos. Todo es cuestión de amar, que es la clave de este libro: si amamos a Dios y a los demás, podemos encontrar la clave de la felicidad (144). Es gracioso ver la evolución del pensamiento marxista de Gustavo Bueno que fue acusado de teórico y poco luchador en los años de la revolución del 68 y de ser casi de derechas en su defensa de la unidad de España. (169)
José Carlos Martín de la Hoz
Alberto Esteban Muñoz, Gustavo Bueno. Materializando la filosofía, Sekotia, Córdoba 2026, 193 pp.