La investigación llevada a cabo por Carlos M. Rodríguez, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad Carlos III de Madrid, manifiesta que el número de españoles que se adhirieron a la Constitución de las Cortes de Cádiz de 1812, fue mucho mayor de la que se había dicho hasta el momento.
Concretamente, el número de clérigos que se pusieron a favor de conciliar la religión católica con el liberalismo de fondo de dicha constitución, fue también mucho mayor de lo que nos hablan los expedientes que se levantaron contra ellos en algunos obispados y, sobre todo, su colaboración efectiva fue decisiva para lograr la paz y la concordia entre los españoles, merced a dicha constitución que indudablemente impedía el despotismo ilustrado.
Ciertamente, con los sucesivos vaivenes a lo largo del siglo entre liberales y conservadores, entre carlistas e isabelinos, entre el clero regular y secular, durante las sucesivas etapas del tiempo más convulso de nuestra historia, se alcanzaría el orden social una cierta paz hasta que llegó la guerra civil española y posteriormente la transición democrática con la paz y el orden.
Precisamente las reformas que había llevado a cabo Carlos III y los sucesivos gobiernos liberales habían ido encaminadas, en gran parte a domeñar a la Iglesia, no tanto en el orden doctrinal sino en la organización, estructura, unión con Roma, tareas asistenciales, desaparición de las órdenes religiosas contemplativas y los jesuitas, los “numerus clausus” en noviciados y seminarios. Es decir, buscaron convertir al clero regular y secular en funcionarios de un gobierno que veía la confesionalidad del estado como dominio de la Iglesia externa.
Es muy interesante en este trabajo ver cómo la imagen de la Inquisición y sus modos de actuar habían periclitado y era preciso hacerla desaparecer e incluso acometer la mentalidad inquisitorial de la búsqueda de la herejía, juicios de las ideas, sambenitos y pérdida de la fama.
Los obispos partidarios del antiguo régimen y del estado confesional veían con recelo la separación de la Iglesia y del Estado que proclamaba Francia y terminaron por pedir ese mismo sistema más adelante para defenderse de las intromisiones del estado liberal en los nombramientos de obispos y tantas cosas más.
La condena de algunos obispos y tribunales que juzgaron a esos sacerdotes “liberales” que trasmitían aceptación de la Constitución de Cádiz del 1812 y, por tanto, obediencia a las leyes y a la autoridad constituida y respeto por la libertad, eran muy confusas y terminaban cayendo en la palabra maléfica que compendiaba los males de la “Iglesia galicana”, es decir, el “jansenismo”.
José Carlos Martín de la Hoz
Caros M. Rodríguez López-Brea, Curas liberales (1820-1823). Los juicios al clero constitucional durante la década ominosa, ediciones catarata, Madrid 2026, 221 pp.