El juez de la historia

 

El profesor Daniel Bensaïd (1946-2010) de la Universidad de París VIII, plantea un problema muy interesante, sobre todo en España, en este trabajo sobre filosofía de la historia: desde la llamada “ley de la memoria histórica” hemos pedido a la historia que se salte todo posible anacronismo y se dedique a ser “juez inapelable” de todos los conflictos de memoria histórica que padecemos últimamente: tanto los de la guerra civil española, el tiempo de depuración franquista y los años del tardo franquismo e incluso de la propia transición política española.

Enseguida, continuaremos hacia atrás y llegaremos a la reconquista como la disputa entre ganaderos y campesinos y volveremos al tribunal de la historia con la lucha de clases como motor de la violencia en la historia.

Pedir al historiador que ejerza de juez y condene o logre restituir cantidades exactas a todos los agraviados en el pasado, es sencillamente imposible, pues al historiador le faltan muchos elementos de juicio y, sobre todo, perspectiva histórica para meterse en las coordenadas espacio temporales y, desde ellas, juzgar de modo inapelable y con toda justicia.

Lo que puede hacer el historiador es mostrar los hechos históricos y la posible interpretación de los mismo como una lección para aprender del pasado de modo que no se reproduzca en el futuro.

Indudablemente, hacer de juez y parte no es posible por el momento y no creo que lo sea en el futuro, por eso debemos abandonar juicios procesales innecesarios del pasado como profecías históricas de futuro, pues son cuestiones intrínsecamente insolubles.

Asimismo, conviene recordar que esta afición a desenterrar cadáveres y condenarnos unos a otros por nuestras ideas políticas o religiosas es una sencilla consecuencia de la Inquisición que padecimos hasta 1883 y que trajo como consecuencia irreparable la mentalidad inquisitorial. Tan presente en nuestras vidas: nadie debe ser juzgado y condenado por sus ideas a no ser que atenten contra la dignidad de la persona humana e incluso entonces debemos correr u tupido velo y no usar de la violencia pues esta no es útil ni para vencer ni para convencer. De hecho nos recuerda Bensaïd que existen muchas personas que se creen Dios al juzgar el pasado (35) pero, añadimos nosotros que, desde luego, sin ”ser misericordioso como nuestro Padre Dios es misericordioso” (Lc 6, 36)

Por otra parte, no podemos olvidar que los delitos prescriben y eso es importante para aprender a no seguir poniendo sambenitos a los descendientes de quienes cometieron errores: aprender a dejar a los muertos que entierren a los muertos y así poder vivir en paz y solidaridad.

José Carlos Martín de la Hoz

Daniel Bensaïd, ¿Quién es el juez? Para terminar con el tribunal de la historia, ediciones El Cuenco de plata, Buenos Aires 2025, 228 pp.