En el contexto de su viaje apostólico a España, el 8 de junio de 2026, el Santo Padre León XIV se dirigía al Congreso de los Diputados. Excepto unos pocos casos que habían renunciado a ello, el hemiciclo se encontraba lleno de diputados, senadores y personalidades. Podríamos suponer que el Pontifice se iba a dirigir a los políticos españoles, pero opino que su discurso, necesariamente sintético, tiene validez para políticos de cualquier país en cualquier continente. Repasemos algunos de los puntos de su intervención:
1.El papa considera decisiva la pregunta acerca de "qué concepción de la persona humana inspira las leyes y qué tipo de sociedad construye". Supongo que los legisladores se quedarían estupefactos; no creo que nadie les hubiera preguntado para actuar como legisladores sobre su concepto acerca de la persona humana. Sobre el tipo de sociedad sí; es de suponer que los grupos políticos se diferencian por su idea acerca de la sociedad que desean, aunque no siempre. En ocasiones hay una coincidencia de fondo junto a una discrepancia interesada a fin de alcanzar el poder.
2. Continúa el Pontífice: El legislador -dice- debe respetar "aquello que ninguna mayoría puede legítimamente vulnerar". Primera llamada de atención: Existe un derecho previo y superior a aquel que puedan aprobar las Cámaras. Aun así los legisladores son necesariamente positivistas, no pueden contravenir lo dispuesto por su grupo parlamentario y preguntarse a sí mismos si una norma contribuye al bien común o es coherente con la dignidad de la persona humana.
3. León XIV citaba al papa Benedicto XVI, cuando éste afirmó ante el Parlamento Federal alemán, que la dignidad de la persona humana "no puede quedar subordinada a consensos sociales mudables o al vaivén de las mayorías de cada momento". En efecto, cuando un partido político anuncia que si llega al poder derogará tal o cuál ley, nos hace preguntarnos por el valor de la misma, caída en desgracia con independencia de lo que la ciudadanía haya podido pensar sobre ella.
En ese momento León XIV hace un diagnóstico duro, pero incontestable, acerca de la situación mundial:
4. "El mundo atraviesa una profunda crisis espiritual y cultural, que se manifiesta en múltiples formas de polarización y desconfianza recíproca". Nadie duda acerca de la crisis que nos ofrecen diariamente los medios de comunicación hasta el hartazgo, y podemos suponer en qué consiste una crisis espiritual: aquella en la que no se distinguen el bien y el mal, pero ¿en qué consiste una crisis cultural? Puede que la crisis cultural consista en la aceptación y aplicación pública de esos principios -o la falta de ellos- acerca del bien y el mal.
5. Una primera respuesta acerca de la crisis está en el mismo ciudadano: "La paz nace también en la conciencia -dice el Pontífice-, allí donde el rencor, la indiferencia y el odio ceden espacio a la reconciliación. Se instaura y se protege también a través del lenguaje. Las palabras pueden abrir caminos o cerrarlos; iluminar la realidad o deformarla hasta hacer imposible el encuentro". Palabras como puñales, ofensivas, que hacen imposible el acercamiento a nivel humano y político.
6. No sólo hay que reconciliar las palabras sino también la memoria. Es curioso que León XIV mencione la "memoria histórica", algo que en España se ha utilizado como arma arrojadiza entre facciones. Todos los países tienen agravios históricos -algunos extraordinariamente antiguos, como por ejemplo las cruzadas-, y han de superarlos para poder convivir. Es lo que el papa Francisco llamó la "reconciliación de la memoria".
7. El Pontífice utiliza repetidamente el término "diálogo". No hay palabra más utilizada y menos puesta en práctica. Hemos -y no me refiero solo a España- identificado el término democracia con el de mayoría y debería ser al contrario, una democracia auténtica debería escuchar sobre todo a las minorías para alcanzar una convivencia serena, justa y en paz.
8. El papa menciona muchos otros conceptos en los que no cabe detenerse: Bien común, libertad, dignidad de la persona, familia, inmigración, enseñanza, servicio, sentido de la existencia, autonomía de la realidades temporales o el derecho de los creyentes a participar en la vida pública. León hace dos advertencias útiles para los creyentes. a) "No confundir el plano jurídico con el moral", y b) El reconocimiento de que los cristianos "no siempre estuvieron a la altura de las intuiciones que encontraban eco en su propia tradición".
Juan Ignacio Encabo Balbín
León XIV, papa, Discurso a los miembros del Parlamento español, Vatican News 8 de junio 2026.