Es este un concepto elemental que debería ser central para cualquier persona con planteamientos cristianos y que cabe en el pensamiento de cualquiera que sea capaz de salir del egoísmo, al margen de la religión que profese. Pensar en los demás. Parece elemental y, sin embargo, en nuestra sociedad occidental lo que observamos es egoísmo con demasiada frecuencia.

El papa León XIV trata de este asunto en su encíclica “Magnifica humanitas”. “Para un cristiano, en efecto salir del pequeño mundo de sus propios intereses y comprometerse por el bien común -y los límites de sus propias posibilidades- es un valor no negociable, como lo es la promoción de la vida” (n. 59). Palabras que nos llevan, casi inmediatamente, a pensar en la vida misma, en lo que vemos, en lo que hacemos.

Si lo consideramos un poco y no deseamos engañarnos a nosotros mismos, vemos en la sociedad mucho materialismo, mucho deseo de vivir bien, muchos planes familiares o individuales que manifiestan la preocupación por lo “mío”. No es malo cuidar de la familia o pensar en qué haremos en las vacaciones, pero de vez en cuando tendríamos que pararnos un poco a considerar lo que el Papa nos dice, o sea, lo que Jesucristo nos dice.

“Podemos afirmar -nos dice León XIV- que el todo es más que las partes y que precisamente por eso la mera suma de los intereses individuales no es capaz de generar un mundo mejor para toda la humanidad. Es una ilusión pensar que sea suficiente con buscar el propio progreso para contribuir al bien de todos sin tener que preocuparse realmente de los demás” (n 61).

Es fácil engañarse, pensar que con una limosna de medio pelo que le damos a pordiosero que se acerca, ya hemos cumplido. La realidad es que vivimos rodeados de muchos lujos, lo miremos como lo miremos; vivimos con una gran tendencia a comprar el último grito en… tecnología, coche, ropa y, si fuera el caso, una buena casa en la costa. Y miramos mal al pordiosero.

“Trabajar juntos en pos del bien de todos significa tener un proyecto compartido. Es evidente que entre las diversas personas hay muchas diferencias ideológicas y pragmáticas, hay variedad de intereses y frecuentes contrastes, pero eso no significa que sea imposible un proceso de diálogo para configurar una base de consenso que permita constituir un proyecto para todos y caminar juntos” (n. 62).

Caminar juntos, ser capaces de calcular nuestra vida pensando en tantos otros necesitados. Es una preocupación de León XIV y sería dar un paso adelante si se consigue que sea una preocupación de todos.

Ángel Cabrero Ugarte