Hannah Arendt y la posverdad

 

He tomado nota para seguir a partir de ahora los trabajos de la profesora de ciencia política de la Universidad Autónoma de Madrid Máriam Martínez-Bascuñán, pues este trabajo que ahora reseñamos sobre Hannah Arendt y la posverdad me ha parecido

magistral.

Ciertamente, Hannah Arendt ha contribuido con otros muchos pensadores después de la Segunda guerra mundial a construir un sistema filosófico común que, de hecho, ha sustituido al humanismo cristiano de la Escuela de Salamanca en lo que se denomina el “humanismo global”.

Como era de esperar, todo se concentra en el afán por encontrar la verdad en una civilización de la posverdad de las falsedades, tergiversaciones, fake news y sobre todo de la dictadura del relativismo mora, ético e ideológico.

Quizás lo primero que llama la atención en este libro es que tanto Hannah Arendt como su mentora Máriam Martínez-Bascuñán mantengan con su propia categoría intelectual que el amor a la verdad y la coherencia de vida, no tengan nada que ver con ideologías, sistemas filosóficos, religiones, sino que pertenezca al ámbito de los criterios de vida.

En ese sentido, convendría que la autora, que ya va camino de la tercera edición de este trabajo le cambie el título y en vez de “El fin del mundo común”, lo denomine la “persistencia en muchos pensadores del mundo del humanismo global”. Cada vez más global y cada vez con más que preferimos ser pobres pero honrados, a ricos pero enloquecidos.

La autora trabajará seriamente la cuestión de cómo superar las desconfianzas y, en concreto, como regenerar la confianza en la verdad. En primer lugar, habrá que recordar el principio de presunción de inocencia y, por tanto, castigar las maledicencias y calumnias y los discursos del odio.

En segundo lugar, convendrá presagiar la regeneración de la confianza en la sociedad, recordando el principio de unidad de vida, de coherencia entre fe y vida o entre valores y vida.

Es decir que la verdad se imponga por sí misma. Como afirmaba Hannah Arendt: “solo porque tenemos sentido común, es decir, solo porque la tierra no está habitada por un hombre, sino por los hombres, podemos confiar en nuestra inmediata experiencia sensible. Ese sentido común nos permite seguir el rastro de la objetividad entendida en términos políticos porque versa sobre la intersubjetividad del mundo” (196).

José Carlos Martín de la Hoz

Máriam Martínez-Bascuñán, El fin del mundo común. Hannah Arendt y la posverdad, Taurus, Madrid 2026, 447 pp.