Con el deseo de encumbrar la llamada tercera España o también el llamado centro democrático, que debía haberse impuesto en febrero de 1936 y haber sobrevivido a julio de 1936 pero que fue enterrado con la victoria del dictador y la desaparición de la democracia hasta 1976, se publica este libro que ahora presentamos.

Se trata de la edición y publicación de once cartas redactadas por algunos de los grandes intelectuales de la Segunda República, dirigidas a Manual Azaña, algunas están escritas en razón de la amistad y otras por motivos de Estado o motivos políticos pues Manuel Azaña era el presidente legítimo de la Segunda República.

De acuerdo con el motivo de la carta se organizan los contenidos de las mismas, se estructuran las ideas y se presentan soluciones a la guerra civil que es el gran tema central de las cartas.

Asimismo, de acuerdo con el motivo de las cartas y el grado de relación que esos intelectuales tienen con Azaña se vertebrarán los comentarios de otros tantos escritores y pensadores actuales que se han encargado de enmarcarlas.

El gran mérito de Jesús Cañete, como director de la colección “paz, piedad, perdón”, ha sido seleccionar las cartas, ordenarlas, estudiarlas y entregarlas a una serie de pensadores actuales para que pudieran presentarlas al gran público. Si a esto se suma la cuidada edición y el detalle de trascribir la letra original entonces podemos felicitar al coordinador y ejecutores de este magnífico trabajo.

Esta edición ha demostrado una vez más que para conocer Manuel Azaña no hay nada mejor que ir a los documentos originales: conferencias, informes, intervenciones parlamentarias, cartas y obras publicadas. De entre estas destacaría las cartas recibidas y enviadas pues llegan al alma del personaje.

Ciertamente, Manuel Azaña aparece claramente en este epistolario como un hombre de centro equilibrado, culto y buen conocedor de la vida política de su tiempo y de la antropología del pueblo, que fue un magnífico gobernante, aunque a veces las circunstancias estuvieran claramente en su contra.

Ciertamente, cometió un error que fue echar y sustituir a Alcalá Zamora como presidente de la República, pues si hubiera mantenido la jefatura del gobierno hubieran podido lograr entre ambos la verdadera democratización de España merced a subir el nivel educativo y la cultura democrática.

Azaña buscó “administrar de manera honesta la vida de un pueblo, como un poeta necesita administrar sus palabras” (10). Ciertamente supo dirigir el concierto político con una escasa representación parlamentaria pero no se ganó a las fuerzas de Gil Robles para construir una España moderna y europea.

José Carlos Martín de la Hoz

AA.VV. Mi muy querido amigo Azaña, Notas al margen, Madrid 2026, 182 pp.