La “Utopía” en la historia

 

En el siglo XV y XVI se redactaron varias “utopías” o críticas a la sociedad renacentista bajo el modelo de un nuevo descubrimiento de una cultura y civilización nueva donde se desarrollaba de un modo renovado el poder civil y eclesiástico y donde los valores democráticos, la libertad, el amor, y la organización social eran mejores, porque eran distintas.

Estamos en el florecer del humanismo renacentista en las cortes europeas llenas de esperanzas y optimismo, pues estamos en el tránsito de un humanismo pagano o casi pagano, donde imperaba más la literatura clásica de Virgilio, Cicerón, Homero, Terencio y tantos autores que gozaron de nueva fama y celebridad.

De hecho, los artistas de moda esculpan imágenes de diosas griegas, de la mitología antigua egipcia, o los pintores volvían a la fragua de vulcano o a los viajes de Ulises, las obras de teatro reproducían los grandes dramas de la antigüedad.

Pero es en el siglo XVI donde Erasmo de Rotterdam, Tomás Moro, Luis Vives, Campanella y tantos más comenzaron a editar los Padres de la Iglesia junto a la Sagrada Escritura, cuando se produjeron las primeras ediciones de la Biblia en lengua vernácula, etc.

Estamos ante un floreciente humanismo, centrado en el hombre, pero más cristiano, donde todo se centra en el hombre, pero como diría el papa Borgia Alejandro VI necesitado de conversión y de salvación.

Estamos en el tiempo de la imprenta cuando comienzan a editarse millones de ejemplares de la Biblia, de los padres de la Iglesia, de los ars moriendi, y tantos autores, clásicos y nuevos, muchos de ellos vendrán de los conventos del oriente donde se conservaban bibliotecas enteras o del mundo árabe, por ejemplo, desde la escuela de traductores de Toledo o de los fondos de la biblioteca vaticana.

El valor de la libertad del hombre fue fundamental y los viajes alrededor del mundo mostraban la categoría del hombre libre para someter la tierra y dominarla: si podemos descubrirla y cartografiarla, estamos tomando posesión del mundo y devolviendo la libertad a los hombres de todas las razas.

Enseguida comenzarán las primeras voces pidiendo la supresión de la esclavitud, la educación de los jóvenes para libremente llegar al cielo o la libertad para las mujeres que pudieran casarse por amor y no fueran engañadas.

También en los ambientes de los poderosos de la tierra: “El mundo político está entregado a la febril actividad de los nuevos príncipes, prontos a cambiar fronteras, fortalecer ejércitos, engrandecer su poder y la pompa de sus cortes y enriquecerse a costa de súbditos y vecinos en algunos casos” (23).

José Carlos Martín de la Hoz

Tomás Moro (2026), Utopía, edición Andrés Vázquez de Prada, Rialp,