¿Olvidar a Dios?

 

Es interesante la tesis que sostiene el pensador Eduardo Abril Acero (Madrid 1973) en este ensayo filosófico sobre la teología materialista de Slavoj Zizek, el último filósofo marxista que queda e Europa, pues los demás desaparecieron con la caída del muro.

Abril sostiene que la clave de la derecha hegeliana a la que pertenecería Zizek sería admitir la existencia de un Dios, pero un Dios que para Zizek sería materialista pues fuera de la materia no hay nada.

Ciertamente para Hegel la filosofía y la teología serían en el fondo lo mismo pues es el despliegue del espíritu y la razón es movida por el espíritu: “una idea absoluta que se presta a desenvolverse en formas distintas, ora en la fe y la representación, ora en el concepto”.

Enseguida añadirá Abríl muy unido a Zizek: “El Dios cristiano desde la perspectiva de su muerte en la cruz, es, literalmente, un dios con el que no se puede contar…Llegados a este punto algún piadoso creyente podría alzar la voz escandalizado: esto no es cristianismo es ateísmo” (10).

Ciertamente la afirmación con la que empieza este trabajo es falsa pues Zizek no hace estrictamente teología, puesto que no cree en la revelación, ni en la Escritura, ni en el magisterio. Sencillamente, haría filosofía, pero filosofía de la izquierda hegeliana para que lo importante es la razón (13).

También recuerda que “Zizek pretende refundir o a repetir un nuevo materialismo dialéctico tras el colapso de los proyectos comunistas del siglo XX” (13). A la vez, Abríl buscará en el pensamiento de Zizek un intento de dialogo entre cristianismo y materialismo dialéctico. Y lo encuentra a determinados hombres de izquierda que proceden del cristianismo y que no han perdido completamente la fe en Dios. Efectivamente Zizek es profundamente marxista y como tal necesita dialéctica materialista y cree encontrarla en la lucha entre religión y materialismo. Una síntesis aterradora y de orden superior sería lo que sucedería según Hegel y Marx, pero en realidad sucedieron las purgas de Stalin a sangre fría pues no había piedad, ni misericordia ni espíritu.

Lógicamente, cuando Cristo s entrega a Dios Padre en redención por todos los hombres estaría cambiando el mundo. Por eso afirmaba san Pablo: “Si Cristo no ha resucitado vana es nuestra fe” (1 Cor 15, 14). Ciertamente, esta es la prueba de la veracidad del cristianismo o su colapso. Por eso, o seguimos a Jesucristo o a Nietzsche que al afirmar la necesidad de la coherencia con la muerte de Dios estaba tocando la clave de muchas vidas: “Lo religioso es algo que debemos superar pero que paradójicamente, no podemos evitar, puesto que lo realmente relevante no es su eliminación sino la tensión dialéctica de su superación” (12).

José Carlos Martín de la Hoz

Eduardo Abril Acero, Olvidar a Dios. Introducción a la teología materialista de Slavoj Zizek, Dado ediciones, Madrid 2026