Las órdenes mendicantes en Castilla (1217-1479)

 

Es interesante que el ilustre catedrático de historia medieval de la Universidad de Cantabria, José Ángel García de Cortázar haya escogido este tema como línea de publicación en una editorial de tanto prestigio y proyección como Marcial Pons Historia.

Ciertamente, España fue el gran lugar de la expansión de las cuatro órdenes mendicantes que vieron la luz en el siglo XIII: dominicos, franciscanos, agustinos y carmelitas. Todos ellos tenían en común la falta de coro y por tanto una gran movilidad para acerca a Dios al pueblo y llevarlos, de dos en dos, a Dios, a la sana doctrina y a la vida moral.

Como la misma vida del hombre, también ellos comenzaron por ser urbanos (1217), vivían la pobreza y se alimentaban de la mendicidad, fueron santos y grandes evangelizadores, pero decayeron en la relajación según fueron admitiendo a candidatos indignos o por la inconstancia de la naturaleza humana para  terminar por lograr, gracias a la fecunda reforma cisneriana en España (1479) rebrotar con fuerza inusitada y volver a evangelizar el agro español y poblar las tierras de América y Asia de cristianos nuevos.

En primer lugar, García de Cortázar, empezará por estudiar la diferencia entre las órdenes religiosas con coro y las nuevas órdenes mendicantes. Efectivamente, al no estar sometidos a las horas canónicas podían visitar el amplio territorio que se les había asignado para llevar la vida cristiana a los barrios extremos de las ciudades, de los pueblos y de las aldeas.

Al vivir de la mendicidad estaba asegurada la pobreza y la sobriedad, pues tampoco tenían alojamiento en sus correrías apostólicas. Ciertamente, la lejanía de la vida comunitaria y la falta de vida espiritual obligó al Consejo de indias a llamar la atención a algunas órdenes religiosas y comprobar el estado del alma de sus frailes periódicamente por si requirieran de cuidados pastorales los pastores.

Naturalmente las mujeres correspondientes de esas órdenes mendicantes tendían a ser habitualmente de vida conventual, con el tiempo normal de estancia en el convento. Mas que buscar las almas ellas venían a la reja.

Es muy interesante el tratamiento que dedica García de Cortázar al estudio de la formación intelectual de estos frailes mendicantes. Si han de predicar a todo tipo de personas debe ser más profunda la doctrina. De ahí que terminaron por poblar con sus hábitos las universidades españolas fundamentalmente en teología y biblia. Un caso paradigmático fue la universidad de Salamanca y especialmente el convento de san Esteban que durante siglos prepararon tanto misioneros como catedráticos que iluminaron con su ciencia y sus letras el mundo universitario europeo.

José Carlos Martín de la Hoz

José Ángel García de Cortázar, Las órdenes mendicantes en la España medieval (años 1217-1479), Marcial Pons, Madrid 2026, 392 pp.