¿Puede alguien a estas alturas sentirse a salvo del espionaje, mantener una conversación telefónica en la confianza de que, al margen de su interlocutor, nadie más está a la escucha?
En la década de los ochenta los servicios secretos del Estado conocieron una profunda transformación. El Cesid pasó a ser una institución poderosa y su intensa actividad -como ahora sabemos, en muchos casos al margen de cualquier control-permitió la formación profesional de numerosos agentes cuya procedencia era generalmente militar.