Un industrial corrupto está en quiebra. Afortunadamente para él tiene los suficientes bienes fuera de España para vivir con comodidad. Alguien le sugiere que, para evitar los inconvenientes, puede fingir su suicidio y cuando todos estén convencidos de que ya no se encuentra en el mundo de los vivos abandonar España.
El plan parece bueno, pero para un entierro hace falta un cuerpo que no sea el suyo.