Una niña de once años entra en una cadena de comida rápida. Se ha comprado la hamburguesa más jugosa de la carta, pero se le cae al suelo y termina pisoteada. La niña arranca a llorar y el empleado que la atiende siente el impulso de darle otra, pero pronto se da cuenta de que las reglas no se lo permiten. Manuales y protocolos le recuerdan que está allí para cumplir normas, no para decidir qué es justo en esa situación.