Moderador: Gabriel Rodríguez Pazos
Universidad Villanueva. Costa Brava 6, Madrid.
Cuarto martes de mes, a la hora del almuerzo.
En la costa californiana, a mediados del siglo XX, un escritor de cuarenta y pocos años atraviesa una crisis económica, creativa y matrimonial. Su hijo, justo el día en que cumple diez, se va a vivir con él, mientras la esposa y la hija seguirán residiendo a escasos kilómetros, en otro domicilio. El chico, Pete, muy despierto para su edad, ejerce de narrador en esta novela de origen autobiográfico de William Saroyan Tú es que estás loco, papá.
Las continuas preguntas de Pete sobre la vida, el fondo de la muerte, el amor y el tiempo que nos rodean, conversaciones, respuestas, un viaje, juegos y experiencias compartidas serán una ayuda y una forma nueva y sabia de entender a los demás.
La paternidad, la educación en la infancia sorprendida, la dicha de seguir vivo y creciendo, las reflexiones directas en torno al proceso de escribir y el desplegar el mundo se hilvanan en episodios graciosos y conmovedoramente humanos. Una prueba de que se puede percibir mejor el mundo, agrandándolo con la belleza y la alegría.
Comentarios
Simpático, es indudable que
Simpático, es indudable que Saroyan escribe bien, pero me esperaba más. Es lo malo de crear espectativas, que se puede leer con visión más crítica que si lo hubieras descubierto por ahí sin saber quien es el autor. No deja un fondo especialmente atractivo, a mi modo de ver. Me parece que el problema de poner al niño como narrador es que te llega una sensación rara: un niño no hace las consideraciones que en el libro hace el narrador, sobre todo en el comienzo de los capítulos. Se le están poniendo muchos más años al chaval de 10 añitos.
Cuando leí, hace ya muchos
Cuando leí -hace ya muchos años- La comedia humana de William Saroyan me enamoré del autor. Luego, he leído otras obras suyas que ordinariamente me han defraudado. En Es que tú estás loco, papá queda claro que Saroyan escribe por necesidad: "Hace bastante tiempo que necesito deseperadamente dinero" -dice (pág.190).
Saroyan compone relatos breves basados en sus recuerdos: "Envíeme unas de esas historias de armenios" -le reclama un editor. En la primera mitad del siglo XX las revistas incluían relatos breves para darle cuerpo a la publicación y entretener a los lectores. No hacía falta que fueran literariamente extraordinarias; luego se reunían en un volumen que tampoco era perfecto, pero permitía al escritor vender algo e ir sobreviviendo. Tú estás loco, papá responde a esas características y está compuesto de sesenta y tres escenas.
En el libro se habla de la relación del escritor con su hijo Pete, de diez años. El niño está en la edad de hacer preguntas y el libro gira alrededor de las preguntas infantiles, algo cómicas, y la paciencia del padre para contestarlas. Es Pete el narrador y esperaba "que mi padre me respondiera unas sesenta o setenta preguntas que yo siempre había querido hacerle" (pág.83). Da la impresión de que el autor quiere trasladarnos sus sentimientos, pero que no se atreve a hacerlo y por eso finge estar en conversación con un niño, su propio hijo.
El autor utiliza sobre todo los diálogos. En sus respuestas hay gotas de sabiduría, algunas frases - no más de media docena- maravillosas y un sentimiento de melancolía por el que el lector no debe dejarse arrastrar. Vale la pena detenerse en algunas consideraciones que hace Saroyan sobre el oficio de escritor. Por ejemplo, cuando afirma que "no hay nada mejor para dejar este mundo que un buen libro" (pág.202); además advierte que "un escritor tiene que estar enamorado de este mundo, si no no puede escribir" (pág.81), y es que los relatos de este autor son trasparentes en cuanto a sus sentimientos.
He hablado de los relatos de Saroyan, pero da la impresión de que lo que él desearía es ser poeta. Lo explica a su hijo: "Estos años he estado escribiendo poemas, pero no he publicado más que tres o cuatro". ¿Y eso por qué? -le pregunta el niño. Respuesta: "Tenían que ser mejores. Estaban bien, pero tenían que ser excelentes" (págs.150-151). Aquí vemos la diferencia entre la perfección que se exige a sí mismo el artista frente a escribir por necesidad. Saroyan se siente un fracasado y ahora está tratando de escribir un libro de cocina, "demasiado ocupado como para preocuparme de mi propio fracaso" (pág.173).
Son palabras que nunca debería escuchar un niño y Pete le responde: "Papá -dije yo- ¿por qué tenemos que andar preocupándonos por todo? Vamos a escribir -él también quiere ser escritor- cosas que hagan reir a la gente aunque no nos den nada de dinero. ¿Qué vale esta vida si la gente no se ríe?" Nada -responde el padre- "No vale nada" (pág.210).
El volumen termina por ser una lectura de entretenimiento, contiene consideraciones interesantes del autor sobre el oficio de escribir y encontramos algunas frases literariamente maravillosas -pocas- sobre un fondo de melancolía. Es curioso como la frase que da título al libro no figura en el texto, algo que no es frecuente. Puede ser un buen libro de lectura para la ESO.
Reseña de Ángel Amador en
Reseña de Ángel Amador en Aceprensa.
Este texto de Saroyan cargado
Este texto de Saroyan cargado de autobiografía es, sencillamente, delicioso. El libro se compone de sesenta y tres brevísimos capítulos que se pueden leer de manera independiente. La relación entre un padre y su hijo de diez años es el marco de una desprejuiciada observación de la realidad, a través de los ojos del niño (quizás el mayor acierto del libro) y los comentarios del padre. El resultado son jugosas y sugerentes reflexiones sobre todo tipo de temas. Para muestra, un botón:
-P: En todas las casas debería haber una mesa dedicada al arte. Habría que poner encima cosas, de una en una, para que todos los de esa casa las pudieran contemplar con especial atención y verlas.
-H: ¿Y tú qué pondrías en una mesa así?
-P:Una hoja. Una moneda. Un botón. Una piedra. Un trozo pequeño de periódico roto. Una manzana. Un huevo. Una piedrecilla. Una flor. Un insecto muerto. Un zapato.
-H: Todo el mundo ha visto esas cosas.
-P: Por supuesto, pero nadie las mira. Y el arte es precisamente eso. Mirar una cosa corriente como si nunca se hubiera visto antes (117-118).
La traducción del escritor y poeta Joseluís González es magnífica, y tenemos que agradecerle su empeño por poner a disposición del público hispanohablante esta joyita poco conocida del autor de La comedia humana.
Reseña de Juan G. Tizón en
Reseña de Juan G. Tizón en Nuestro Tiempo.
Pete, que tiene diez años, es
Pete, que tiene diez años, es el narrador. Sus padres se han separado, no se cuentan los motivos, su hermana se queda con la madre y él se va con su progenitor y cuenta en capítulos muy breves lo que van haciendo, en unos momentos de crisis también económica y profesional (el padre es escritor). Las relaciones son buenas, Pete es listo, hace preguntas de lo más variadas, sueña, admira a su padre, pero se da cuenta también de sus limitaciones, y ambos afrontan las dificultades con optimismo y ganas de vivir. El modo de narrar desde la perspectiva del hijo está muy logrado. Hay escenas divertidas y otras conmovedoras. La novela tiene un origen autobiográfico. Sorprenden las pocas referencias a la madre, salvo en un encuentro de todos en Navidad. Luis Ramoneda