El autor nos introduce en un descenso a los infiernos terriblemente poético y arrebatador. Las descripciones de los desiertos, montañas, pueblos y cemeneterios abandonados son magistrales. Este paisaje, principal protagonista del libro, contagia a todos los personajes.
| Edición | Editorial | Páginas | ISBN | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| 2005 | De bolsillo |
400 |
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Esta novela del año 1985 ha
Esta novela del año 1985 ha sido considerada por algunos críticos como una de las obras estadounidenses más influyentes de la segunda mitad del siglo XX, y ha formado parte de listas de los mejores libros publicadas, por ejemplo, por el New York Times, o la revista Time. Me ha gustado mucho la reseña de Artemi en este foro, y me parece muy acertada.
La mayor parte de la acción transcurre en los años 40 del siglo XIX en el sur de los Estados Unidos y el norte de México. Los protagonistas son un joven huérfono, que al comienzo de la novela tiene 15 años, y es llamado sencillamente «el chaval» durante casi toda la obra y «el hombre» al final, y el juez Holden, un albino enorme con una gran cultura y de gran crueldad. El chaval se une a un grupo de filibusteros, formado por soldados estadounidenses que rapiñan por los pueblos mexicanos. Tras ser apresado y encarcelado, su compañero de celda afirma que ambos son expertos «mataindios», de modo que se unen a un grupo de mercenarios, que reciben del gobierno mexicano el encargo de exterminar a los indios, sobre todo apaches, que atacaban los pueblos de Chihuahua y Sonora. El grupo lo dirige John Joel Glanton, un personaje histórico tristemente conocido por sus campañas en los estados sureños y en México.
La novela relata con un acusado realismo el trato de los mercenarios entre sí, sus luchas con los indios y con otros grupos y sus rivalidades internas. La narración es de gran dureza, y va acompañada de un lenguaje florido y de gran belleza en las descripciones de los paisajes.
Comencé a leerla llevado por el buen sabor de boca que me dejó «La carretera», y con la advertencia de la película «No es país para viejos» en relación con la violencia gratuita. Pese al precioso lenguaje, me ha costado terminarla, y no la recomendaría a nadie sensible.
Hablar de un libro así no es fácil. La belleza inusitada del escenario del mal es perturbadora. Si en "La carretera" la prosa milagrosa de Cormac justificaba el lirismo extremo con el que describe una tierra devastada, aquí ya se plantea un problema moral mayor. El autor nos introduce en un descenso a los infiernos terriblemente poético y arrebatador. Las descripciones de los desiertos, montañas, pueblos y cementerios abandonados son magistrales. Este paisaje, principal protagonista del libro, contagia a todos los personajes y se los traga (Glanton, Brown, Toadvine, Tobin, los apaches, los peregrinos...) como la selva en la novela de la tierra, pero aquí el aniquilamiento es, ante todo, moral. El único que finalmente parece no sucumbir, el chaval, sí lo hace ante el juez Holden, alegoría probable del mismo demonio y verdadero protagonista de la novela en la que el horror triunfa bailando.
Novela que nos habla de los abismos del alma humana, rozando lo gore y con un estilo que no he encontrado en ningún otro autor contemporáneo (por su originalidad y belleza), donde la violencia explícita es brutal y lo que queda implícito (aberraciones de todo tipo) también, tiene, en mi opinión, un sentido más profundo. Para llegar a escribir "La carretera", "No es país...", la Trilogía de la frontera, ("Ciudades de la llanura", "Todos los hermosos caballos", "En la frontera", etc., Cormac anda un itinerario espiritual complejo, y aunque esta novela es anterior, creo que no se debe leer antes que las citadas; sería, en mi opinión, un error. Y ahora se me ocurre un paralelismo con Clint Eastwood: para llegar a "Gan Torino" antes tuvo que filmar "Un mundo perfecto", "Mistic River" o "Million Dollar Baby". Cada uno tiene sus caminos y lo importante es llegar al final, pues nos da la clave de una literatura que es, a la vez, una biografía espiritual.