Aquí cabemos todos

 

El jesuita Diego M. Molina (La Zubia, Granada, 1964), profesor de eclesiología de la Facultad de Teología de Granada ha publicado un sencillo esquema de sus clases en la Facultad donde ha incorporado todo el magisterio reciente de la Iglesia de modo accesible y con un lenguaje llano.

El arranque del libro coincide con el título del mismo y está tomado de la predicación del papa Francisco en la JMJ de Lisboa cuando en la vigilia con los jóvenes exclamaba: “En la Iglesia hay espacio para todos. Para todos” (75).

Enseguida, nuestro autor añadirá unas palabras de León XIV: “para que la Iglesia sea verdaderamente «una Iglesia en la que todos quepamos, una Iglesia acogedora, tiene que ir configurándose a partir de lo que el Concilio Vaticano dijo de ella» y que ha sido expuesto en estas páginas” (76).

Efectivamente el trabajo que ahora reseñamos es un magnífico resumen de la eclesiología anunciada a lo largo de la historia de la teología y de lo que subrayó el Concilio Vaticano II y el Catecismo de la Iglesia católica, es decir, la eclesiología de comunión que está fecundando todas las facetas del quehacer teológico de nuestro tiempo (34).

Ciertamente esa comunidad cristiana que es la Iglesia brotará, como decía san Juan Damasceno del costado abierto de Cristo, para siempre del querer redentor, pero también se construye cada día mediante la comunión entre los cristianos (34).

En este marco de amor y responsabilidad, es donde introducirá la sinodalidad tan querida por el papa Francisco que ha significado volver al primer milenio del cristianismo y desde ahí trabajar conjuntamente con la Iglesia Oriental y con los obispos de todas las diócesis del mundo y eparquías bajo un solo Pastor, el obispo de Roma que preside en la caridad (37).

Asimismo, esa Iglesia visible en la comunión de los cristianos entre sí, presenta a los cristianos en potencia un atractivo camino de fe, amor y libertad, que pueden seguir esperanzadamente. De ese modo se destruye el famoso aforismo “creo en Dios pero no en la Iglesia” que se extendió entre los moriscos expulsados del reino de Valencia por no querer vivir la fe cristiana que habían aceptado falsamente en el bautismo (43).

Lógicamente, la Iglesia deberá vivir el mandato imperativo de Cristo, a lo largo de los siglos, de llevar la fe por toda la tierra: “id y predicad a todas las gentes, bautizándoles en el nombre del Padre, del Hijo y del espíritu Santo”. Por tanto, esta felicidad de ser hijos de Dios, mediante el método de la persuasión y el mandamiento del amor, el diálogo y el servicio a los necesitados (69).

José Carlos Martín de la Hoz

Diego M. Molin. Aquí cabemos todos. Para saber qué es la Iglesia, ediciones san Pablo, Madrid 2026, 90 pp.