Decepcionar es un placer

 

Que hay gente que tarda en madurar no es un descubrimiento nada inusual pues estamos cansados de ver y tratar a personas histriónicas, gamberras, macarras o superficiales, de los que sencillamente pensamos que tarde o temprano madurarán y se centrarán en la vida.

Mas complejo resulta el caso de las personas que están habitualmente de broma, que no se toman la vida en serio pues temen decepcionarse a sí mismos o a los demás, o los egoístas que se centran en pequeñas metas y viven eternamente aburguesados y acomodados.

Nuestro autor buscará tratar de la confianza y desconfianza en la vida familiar, social y personal, para lo cual tiene que enfrentarse al problema crucial de la confianza total en Dios. Es decir, la santidad personal como un verdadero don de Dios al hombre, no como una petición (39).

Ciertamente el libro de Kierkegaard “Temor y temblor” le ayudará a estudiar con la hondura del autor danés la necesidad de la confianza total en Dios, aunque sea creyendo en el absurdo de sacrificar a su hijo. Ciertamente, la interpretación habitual de ese texto es la necesidad que tenía Dios de educar en la fe al pueblo israelita que una y otra vez recaía en la idolatría motivo por el cual creó el espacio litúrgico y la liturgia del templo pues de esa manera logró reconducir al pueblo al verdadero culto a Dios. En concreto, para demostrar que Dios no necesita de los sacrificios y abomina radicalmente de los sacrificios humanos basta con leer detenidamente la Sagrada Escritura (43-45).

Enseguida volverá a la teología de la esperanza que es la línea de fuerza de este breve tratado y nos hablará de la “teología de todo”, pues Dios se nos da del todo y en todo para mostrar que nuestra esperanza se apoya en Él y en su Palabra (57).

Indudablemente el cristiano sabe lo que es la espera y como ha leído la Escritura sabe esperar en la segunda venida de Jesús mejor de como los judíos esperaron la primera, pero sabe además que Dios bien cada día en la eucaristía al mundo en innumerables lugares y en millones de corazones (77).

Es interesante descubrir que para Laurent el creyente “no puede ser defraudado puesto que la promesa a la que se apega ya está cumplida”. Es más, añadirá “la verdad siempre está en otro lugar” (91).

Para terminar, recordemos que, en los últimos capítulos, siempre muy breves, tratará de la decepción: “solo nos decepciona lo que no ha sucedido, puesto que lo que no ha sucedido es lo que se esperaba y por tanto constituía la causa de la decepción. Es decir que no decepciona lo que se produce, sino lo que no se produce. Esta es la razón por lo que la esperanza es tan poderosa” (105-106).

José Carlos Martín de la Hoz

Laurent De Sutter, Decepcionar es un placer, Herder, Barcelona 2026, 122 pp.