El Conclave del año de la fe



Benedicto XVI escribió a
lo largo de su fecundo Pontificado una Encíclica sobre la caridad, Deus caritas est,
otra sobre la esperanza, Spe salvi, otra
sobre la Doctrina
Social de la Iglesia, Caritas
in veritate
, y cuando parecía que le correspondía
publicar una sobre la fe, para completar las tres virtudes teologales, convocó
un año de la fe. Dentro
de ese año, ha realizado una autentica encíclica sobre la fe, pues con el acto
de renuncia acogiéndose al CIC de 1983, c. 332 &2, ha mostrado su fe en que
Dios enviará a su Iglesia un nuevo Pontífice, con más energía física y vigor,
que continuará con la tarea de gobernar la Iglesia.


Es interesante descubrir cómo cuando Juan Pablo II
publicó la Encíclica sobre el ecumenismo, Ut
unum sint
, el 25 de
mayo de 1995, al cabo de un tiempo se convocó en la Santa Sede un Simposio
sobre el Primado del sucesor de Pedro. Entre los documentos de ese Congreso
destaca la declaración de la Congregación para la Doctrina de la fe firmado por
el entonces cardenal Ratzinger en donde subrayaba dos cuestiones: primero al
resumir la esencia del ministerio Petrino con las
siguientes palabras: "En el designio divino sobre el Primado como
«oficio confiado personalmente por el Señor a Pedro, príncipe de
los Apóstoles para que fuera transmitido a sus sucesores» (Conc.
Vat. II, const. Lumen Gentium n. 20), se manifiesta ya la finalidad del carisma petrino, o sea, «la unidad de fe y de comunión»". Y la
segunda cuestión sería:
"no es
buscando el mínimo de atribuciones ejercidas en la historia como se puede
determinar el núcleo de la doctrina de fe sobre las competencias del Primado" . Segundo.


Así pues Benedicto XVI en su Pontificado se puede decir
que ha vivido el ministerio petrino, de modo que se
puede afirmar: misión cumplida,
pero Su Santidad la continuará los años que
Dios quiera dejarlo entre nosotros unido a la cruz y en vigilia constante de
oración por la Iglesia y el mundo.


En estos días se celebrarán de congregaciones Generales de
los cardenales presididos por el cardenal decano Ángelo Sodano.
Un acto de fe y de confianza en que el Espíritu Santo les iluminará para
escoger al más adecuado. Un acto de fe y de ejercicio de la Comunión de los
Santos en el mundo entero que rezará al unísono, congravit nos in unum.


Después se convocará el cónclave. Como decía Juan Pablo
II.
"Al mismo tiempo, considerado el carácter sagrado
del acto y, por tanto, la conveniencia de que se desarrolle en un lugar
apropiado, en el cual, por una parte, las celebraciones litúrgicas se puedan
unir con las formalidades jurídicas y, por otra, se facilite a los electores la
preparación de los ánimos para acoger las mociones interiores del Espíritu
Santo, dispongo que la elección se continúe desarrollando en la Capilla Sixtina,
donde todo contribuye a hacer más viva la presencia de Dios, ante el cual cada
uno deberá presentarse un día para ser juzgado" (Juan Pablo II, Const. Universi Dominici gregis preámbulo).


Todos los cónclaves del s. XX han mostrado que funciona
bien la elección sin interferencias políticas o de presión mediática. Las
beatificaciones y canonizaciones de varios de ellos: S. Pío X, beato Juan
XXIII, beato Juan Pablo II, Venerable Pablo VI, así lo muestran. Además todos
han estado dotados de categoría espiritual, intelectual, etc.


 


José Carlos Martín de la Hoz.