El profesor José Antonio Fernández Santamaría, profesor de la Universidad de California y especialísta en estudios del pensamiento del siglo XVI, desarrollará en esta ocasión con gran amplitud y profundidad, el problema de la guerra y, en general, del pensamiento político del Renacimiento, a través de los grandes autores del humanismo y del Renacimiento. En esta ocasión, se centrará especialmente en la figura de Juan Ginés de Sepúlveda que siempre que aparece en escena acaba siendo el villano, mientras Las Casas, Domingo de Soto y Juan López de Palacios Rubios, serán siempre los triunfadores, cuando, en realidad, todos partían de los mismos principios, con aparentes pequeñas diferencias de acento.
Respecto al derecho a la guerra, la voz discordante estará en la figura de Erasmo quien planteará la guerra como antinatural e inhumana. Enseguida, será apoyado por Luis Vives y Tomás Moro en su famosa Utopía. En frente, estarán Maquiavelo quien recomendará al tirano el uso de la violencia y de la guerra para mantenerse en el poder a toda costa.
Lógicamente Juan de Sepúlveda, seguirá a santo Tomás y Aristóteles y defenderá la guerra, así como afirmará la esclavitud de los indios frente al criterio de la Reina Isabel y de Francisco de Vitoria para quienes los indígenas eran libres vasallos del Rey de Castilla y dueños de sus posesiones.
Enseguida, se centrará en Francisco de Vitoria, para quien la guerra justa solo puede ser la guerra defensiva y para protección del inocente, es decir, se apoyará en el derecho natural que no requiere demostración (13). Lógicamente esto chocará frontalmente con Maquiavelo para quien la guerra era un instrumento más de la política. Las raíces del derecho natural están en la filosofía griega como muestra Diógenes Laercio cuando definía la vida virtuosa como la naturaleza que sigue su curso sujetando las pasiones a la recta razón (21).
Enseguida, descenderá a comentar las obras de Cicerón y su definición de la ley natural que recoge en el tratado sobre la República: “vera lex es recta ratio congruente con la naturaleza (…). Es Dios el autor de esa ley, su legislador, y el juez supremo que le da fuerza y la impone. Quien la desobedece se niega a sí mismo y su propia naturaleza como hombre” (27).
Después de tratar de la ley eterna en san Agustín, su Providencia y su gobernación del universo (30), pasará al concepto de ley natural en Santo Tomás: “Participación de la criatura racional en la ley eterna “(I, q.91, a.2) (31).
Es muy interesante la figura del gobernante que delinea Erasmo: en primer lugar, estará identificado con Jesucristo, escuchará los sabios consejos de sus ministros y conducirá a sus súbditos al bienestar (42).
José Carlos Martín de la Hoz
Juan Ginés de Sepúlveda: la guerra en el pensamiento político del Renacimiento, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid 2007, 174 pp.