Manuel García Morente (1886-1942) fue catedrático de filosofía de la Universidad Central de Madrid en la época más gloriosa de la Facultad de Filosofía y Letras, con personalidades como Besteiro, Ortega y Gasset, Zubiri, Gaos etc.
En plena guerra civil y en el exilio en París, tuvo una experiencia sobrenatural, un hecho extraordinario mediante el cual regresó a la fe católica y después de enviudar, al término del conflicto, se ordenó sacerdote y se dedicó a estudiar en profundidad a santo Tomás de Aquino después de haber sido durante muchos años el mejor especialista español en Kant.
Desde luego sorprende la claridad con la que escribió García Morente este trabajo en 1917, cinco años después de haber obtenido su cátedra en la Universidad central y que ahora ha reeditado ediciones cristiandad.
La búsqueda de la verdad y de la lógica interna está presente a lo largo de este intenso trabajo, por eso escribirá: “Queremos creer en las cosas y que nuestra creencia en ellas no sea una mera ilusión subjetiva. Queremos convencernos de que la ciencia no es nuestra ciencia, sino la realidad y la verdad mismas” (13).
Ciertamente, con Kant se aprende a filosofar y con García Morente también, el problema estribaba en que el Kant se lleva al extremo el racionalismo y el idealismo y termina por construirse un edificio en apariencia lógico, coherente y sólidamente construido, pero terriblemente subjetivo, de modo que la filosofía romántica tuvo que hacerlo saltar por el aire para recuperar el aire de la libertad y la capacidad de expresar el razonamiento sin esos moldes prefijados y sólidamente construido, pero que termina por encerrarte en la cárcel del yoísmo.
Es muy interesante cómo García Morente nos va mostrando la solidez del edificio y a la vez su enorme fragilidad, pues “Kant es quien ha torcido el racionalismo de su época, orientándolo hacia el evolucionismo” (19).
Es muy interesante cómo García Morente introduce la filosofía teórica de Kant: “La pregunta ¿cómo son posibles los juicios sintéticos a priori?, debe pues transformarse en esta otra: ¿cómo es posible la matemática, ¿cómo es posible la física?” (45).
Enseguida añadirá: “Hoy no nos contentamos con que el mundo sea nuestra representación. Queremos creer en las cosas y que nuestra en ellas no sea una mera ilusión subjetiva” (48). La clave, por tanto, está en “mostrar cómo es posible el conocimiento científico y cuál es la garantía de su validez objetiva” (49). Lo interesante llegó pocos años después con la teoría de la relatividad de Einstein y la mecánica cuántica, a partir de la cual el subjetivismo kantiano quedó desarticulado.
José Carlos Martín de la Hoz
Manuel García Morente. La filosofía de Kant. Una introducción a la filosofía, ediciones Encuentro, Madrid 2018, 254 pp.