El trabajo, el desempleo y la IA

 

A simple vista, para mucha gente la IA es un medio utilísimo para el trabajo y para diversas situaciones de la vida. Resuelve dudas, aporta muchos datos y eso hace que muchos se sientan más situados, más seguros, menos pendientes de lecturas o de estudios. Preguntas a la IA y todo lo sabe.

Pero no nos deja indiferentes el problema de los miles de trabadores que sobran. Noticias tenemos de empleados en diversas industrias o empresas de todo tipo que ha sido despedidos. Ya no hacen falta. Si fuera cosa de cientos no sería muy relevante. Pero si hablamos de miles parece lógico que haya voces que adviertan de ello y planteen soluciones.

Es una de las preocupaciones más expresadas por el Papa en su encíclica “Magnifica humanitas”. “Dada la desigualdad que caracteriza a nuestro mundo, la difusión de la IA y de los sistemas computacionales produce efectos distintos en cada lugar. Las sociedades ricas se automatizan rápidamente y de forma caótica reduciendo la necesidad de mano de obra y generando zonas de desempleo y fricciones institucionales. En cambio, vastas regiones del mundo permanecen atrapadas en economías híbridas, donde el trabajo humano mal remunerado y las tecnologías parciales conviven sin llegar a transformarse realmente (n. 153)”.

El Papa denuncia, advierte, porque es fácil observar un egoísmo muy llamativo cuando se trata de mejorar nuestra vida con inventos que ayudan, y lo poco que pensamos en otros que solo necesitan que les demos de comer. Son muchos quienes miran para otro lado, como dando por hecho estas situaciones.

“El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana; no es solo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad. Por eso, los problemas vinculados con el trabajo no se limitan únicamente a los ingresos necesarios para la supervivencia de las familias. Una sociedad que garantizara trabajo solo a una pequeña parte de la población expondría a muchos a una situación de inactividad forzada, de ausencia de responsabilidades, de falta de compromiso y de estímulos cotidianos, con consecuencias de empobrecimiento humano y cultural en contraste con el elevado nivel de desarrollo técnico” (n. 154).

Parece que hace mucha falta una reflexión por parte de tienen en sus manos las riquezas o el poder público. Hay un número muy alto de personas que solo piensan en cómo enriquecerse con más facilidad. Si expulsan de la empresa a un montón de trabajadores, como consecuencia de la IA, el empresario se ahorra mucho dinero, mantiene el volumen de producción y por lo tanto se enriquece a costa de los que quedan fuera.

“Por eso, la Doctrina social de la Iglesia insiste en que el acceso al trabajo para todos debe seguir siendo un objetivo prioritario de las políticas públicas y de los procesos económicos, criterio de juicio para evaluar la calidad humana de un modelo de desarrollo” (n. 154). ¿Se puede mirar para otro lado ante los efectos de la IA?

Ángel Cabrero Ugarte