La Biblioteca de autores renacentistas nos ofrece una pequeña joya de la literatura del siglo XVI; la “Polémica o conversación sobre el libre albedrío” que contiene la respuesta contundente a favor de la libertad de Erasmo de Rotterdam (1467-1536) publicada en 1524, contra el libro “Asertio sobre la libertad” que había redactado en 1520, Martin Lutero (1483-1546).
La obra de Erasmo comienza señalando que ha leído la obra de Lutero con curiosidad por la fama que estaba adquiriendo su movimiento, pero concluye con la lacónica afirmación de que “a mí todavía no me ha convencido” (I, a.5). La base de la argumentación del humanista es que en la Sagrada Escritura hay suficientes textos para comprobar que el hombre obra libremente si bien auxiliado por la gracia divina: “quien desee encontrarlos, no tiene más que buscar agua en el mar” (II, a.17).
Por tanto, está admitiendo que la libertad es un don de Dios y que existen acciones meritorias del hombre porque la gracia es eficaz. De hecho afirmará que hay que poner la fuerza de la libertad en juego: “si estamos en el camino de la piedad avancemos gozosamente hacia lo mejor olvidándonos de todo lo demás; si estamos envueltos en pecados, esforcémonos con todas nuestras fuerzas para acudir al remedio de la penitencia y acojámonos a la misericordia del Señor por todos los medio, sin la cual la voluntad humana ni es eficaz ni constante; y si hay algo malo, imputémoslo a nosotros, si algo bueno atribuyámoslo a la divina benignidad, a la que debemos también todo lo que somos” (I, a.8).
Seguidamente, Lutero vuelve a la diatriba y redactará un nuevo tratado “De servo arbitrio” o “sobre el albedrío esclavo” en 1526. A este libelo responderá Erasmo con su obra “Hyperaspistes” en la que terminará por romper con Lutero para siempre, al reconocer la autoridad del magisterio de la Iglesia a la hora de interpretar las Escrituras, asunto que negaba Lutero, al igual que sólo sostenía “la fe sin obras” para la salvación, frente a las obras auxiliadas por la gracia que sostenía la Iglesia.
El punto clave de Erasmo es atacar a Lutero y a quienes niegan la libertad pues eso sería atribuir a Dios la injusticia y la crueldad. “Dios ha hecho el mundo ordenado y lo ha dejado en manos del hombre para que lo gobierne”. Por eso, añadirá que el hombre con la lucha ascética, el cultivo de las virtudes dispone el alma para que Dios se la eleve: “teniendo en cuenta la inmensa bondad de Dios, algunos afirman que el hombre progresa por esta clase de buenas acciones hasta tal punto que se prepare la gracia y atraiga a sí la misericordia de Dios” (II, a.11). también recordará varias veces que “sin la gracia de Dios nadie puede mantenerse en el camino de la vida” (III, b.5): “Sin mí no podéis hacer nada” (Io 15,5). Aunque si podemos pecar, también podemos hacer el bien (III, b.8). también añade: “Nadir viene a mí si el Padre no le atrae” (Io 6, 44). Es muy interesante que siguiendo a san Agustín y sus comentarios a las epístolas de san Pablo aporte textos conmovedores: “es regalo divino para que podamos dirigir el ánimo a las cosas que pertenecen a la salvación o colaborar a la gracia” (IV, a.7).
José Carlos Martín de la Hoz
Erasmo de Rotterdam, Sobre el libre albedrío, ediciones cypress, Madrid 2026, 98 pp.