Indudablemente José Joaquín Castellón Martín (Marchena, Sevilla, 1964), profesor de la Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla y párroco en Dos Hermanas (Sevilla), ha logrado aportar en este trabajo que ahora reseñamos una acertada síntesis acerca de la estructura moral del acto humano, lo que él mismo denomina la “ética de la complejidad”.
El resumen de su trabajo lo hace él mismo de la siguiente manera: “encontrar el camino de la felicidad es el fin de la reflexión moral; la virtud ética es el medio para conseguir ese fin de la felicidad” (148).
Antes de descender al desarrollo de la materia, nuestro profesor nos recordará la importancia del sentido crítico: “La crítica a todo contenido de la conciencia moral por parte de las corrientes más influyentes en la cultura de occidente provocó un descrédito y una relativización de toda postura moral” (42). Es importante no señalar dogmas, donde Cristo no los puso. Más bien Vitoria desarrollará el derecho natural y el derecho de gentes.
Efectivamente, estamos ante algo muy complejo como es la libertad del hombre y su conjunción con la ciencia moral y la gracia de Dios. Demasiados elementos para que la virtud de la prudencia actúe y como consecuencia venga la verdadera maduración de la persona como hombre y como cristiano: “el fin de la libertad es el crecimiento de la persona” (112).
La igualdad de todos ante la ley, incluso el monarca o sus oficiales, nos llevará a recordar la importancia de la virtud de la justicia: “la justicia es una exigencia absoluta vinculada con la trascendencia” (121).
Es muy interesante lo que nuestro autor denomina la ética de mínimos y de máximos que había sido propuesta por Adela Cortina años atrás, donde la de mínimos sería los diez mandamientos y los máximos serían las bienaventuranzas o los consejos evangélicos (129).
Por lo que se refiere a la moral de virtudes aristotélica, conviene recordar que “la virtud no es primariamente respeto a normas que permiten o prohíben un comportamiento, sino la responsabilidad en la configuración de la propia persona. La virtud no es primariamente la fuerza para actuar conforme a una norma sino la fuerza para configurar nuestra vida desde lo mejor de nosotros mismos” (145).
De hecho, Aristóteles distinguía entre la “naturaleza con la que viene a este mundo y la segunda naturaleza que configura su actuar moral: “hace a los buenos y a los malos ciudadanos” (149).
José Carlos Martín de la Hoz
José Joaquín Castellón Martín, Ética de la complejidad. Análisis de la estructura moral, Ciudad Nueva, Madrid 2026, 472 pp.