El 2 de marzo pasado, el papa León XIV dirigía unas palabras a los integrantes de las instituciones teológicas de Calabria y Apulia, en Italia. Con ellas abría una puerta apasionante. Afirmaba el Pontífice que la teología es una tarea conjunta del pueblo de Dios, inseparable de la evangelización y unida a la cultura. Lo que se ha llamado inculturación de la fe.
Hubo una época en la que la palabra teólogo sonaba amenazante. Correspondía a un clérigo, posiblemente heterodoxo, y no sujeto a disciplina. San Josemaría Escrivá dijo de éllos que se llamaban a sí mismos teólogos y no lo eran, porque desconocían hasta el catecismo de la doctrina cristiana, el de los párvulos.
Hoy, el Papa llama a los católicos a profundizar en su fe -lo cual no es otra cosa que teología- bajo el prisma de la cultura contemporánea. Pongo un ejemplo: Hace años alguien preguntaba a un futbolista muy conocido en España, si con eso de las concentraciones y los partidos tenía tiempo para ir a Misa los domingos, a lo que respondió: "Los domingos se va a Misa y si hay tiempo para hacer algo más se hace". Es un ejemplo de cómo no son necesarias grandes luces para hacer teología moral, basta con haber tenido unos padres cristianos.
El papa León nos habla de la aproximación de la teología a la cultura, no solo de una época sino incluso de un territorio. Refiriéndose a los problemas que aquejan al sur de Italia señalaba cómo "la crisis del desempleo, el fenómeno de la emigración y todas las formas de opresión, esclavitud e injusticia", pueden ser objeto del diálogo entre "los candidatos a la ordenación, consagrados y laicos", a la luz del evangelio.
Todavía existen hoy en la Iglesia polarización y enfrentamientos, aunque en ello haya mucho de clericalismo. El Pontífice habla de comunión, unidad y fraternidad, escucha recíproca, diálogo y convergencia entre "recursos, competencia y carismas". Combinar "fidelidad y creatividad, tradición e innovación, unidad y diversidad".
Hay que entender que la última palabra en las materias de fe la tienen los sucesores de los Apóstoles en unión con el Romano Pontífice. Conviene recordar también que el ministerio profético -hablar en nombre de Dios- lo realiza el Espíritu a través de los santos, por ejemplo la llamada a atender a los más pobres, en nuestros días la ha realizado fundamentalmente a través de santa Teresa de Calcuta; o la invitación a santificar el trabajo y las realidades cotidianas la ha hecho por medio de san Josemaría Escrivá. Por supuesto, no existen exclusividades ni copyright, porque todo ello estaba ya en el evangelio (Juan 14,26). Laus Deo.
Juan Ignacio Encabo Balbín
Papa León XIV, Vatican News, 2 de marzo de 2026.