Es muy conocido el regreso a Dios de una generación entera de jóvenes quienes después de la revolución de mayo del 68 y, en oleadas sucesivas, rompieron con el orden creado después de la guerra mundial y, posteriormente, al no encontrar agarraderas en esta vida, han terminado por regresar a Dios y establecer una relación personal, de intimidad, pues sólo la divinidad puede satisfacer las ansias de verdadera felicidad que anidan en el corazón humano.
En el caso de la célebre artista, poeta, cantante y escritora, Patti Smith (Chicago, USA, 1946), una de las grandes artistas del siglo XX-XXI, ese itinerario del corazón hacia Dios resulta particularmente emotivo puesto que un alma tan sensible en todo, hasta en el modo de relacionarse con Dios, resulta apasionante en una narración en vivo o en papel como es el caso.
Es particularmente llamativo el extenso recuerdo de la infancia y adolescencia de la artista, no solo por el volumen de hechos y vivencias pormenorizadamente narrados con una vitalidad impresionante. También llama la atención la intensidad de afectos y sentimientos, especialmente en el momento de la adolescencia.
Llama la atención descubrir la mano providente de Dios que va apareciendo, sin que la autora lo haga notar expresamente, en el modo de desarrollarse los acontecimientos que moldean el alma la hacen sensible y fuerte a la vez, capaz de captar la belleza tanto en el arte como en la vida y, siempre aparece Dios aunque ella no viva dentro de ninguna religión formal ni reciba una solidad formación cristiana. Es Dios quien siempre va a tomar la iniciativa. Un hecho clave fue su boda en Detroit en 1980 (174).
En el campo artístico, indudablemente la narración de concatenaciones con las que va encontrándose con grandes maestros que la forman el oído musical, en las lecturas que orientan su prosa y su poesía. Aparentemente, llega a decirnos que no había ningún plan preconcebido (112) pero, de hecho, si lo había puesto que en pocos años Patti Smith tiene un nombre un campo de desarrollo artísticos y puede desarrollar una carrera artística envidiable.
Es también providente como Dios la va llevando, a través de diversas relaciones, para tener un amor al que entregarse y en situación no tóxica, pues bordea el mundo de las drogas, de personalidades absorbentes, etc. que harán que su carrera en busca de la belleza y del arte, de Dios, siga adelante. Incluso la caída de un escenario que la tuvo inmovilizada varios meses le serviría para centrar la existencia (144)
Precisamente, hay un nombre de un poeta francés que tuvo mucha influencia en sus primeros momentos de su vida artística y que siempre vuelve una y otra vez a encontrarse con él: Arthur Rimbaud (1854-1891). Evidentemente, nunca vivirá Patti la vida de desenfreno del francés, pero sí se le metió muy hondamente su modo de hacer poesía y de declamarla: “yo no he hecho nada. Lo hizo Rimbaud (130)
José Carlos Martín de la Hoz
Patti Smith Memorias. Pan de ángeles, Lumen, Barcelona 2026, 283 pp.