Las consecuencias de Hegel

 

László F. Földényi (Debrecen, Hungría 1952), redacta un magnífico trabajo en el que desarrolla el juicio de Dostoyevski sobre el pensamiento de Hegel y concluye en que la culpa de todos los desvaríos y dictaduras y guerras del siglo XX la tiene el pensamiento hegeliano que se había impuesto en la civilización occidental.

El libro es breve, intenso, muy bien escrito y merece la pena leerlo con atención pues supone un gigantesco esfuerzo por estudiar a Dostoyevski y a Hegel, ponerles en conjunción y terminar por caracterizarlos a los dos y llegar al juicio certero del uno sobre el otro.

Lo interesante es que esos pensamientos y certeros juicios tienen lugar mientras Dostoyevski padecía su exilio forzoso en Siberia y allí en la soledad, el hambre y la desesperación había llegado a esta certera conclusión: “cuando el ser humano se impone el papel de Dios y considera que todo tiene solución, es capaz de sacrificar todo el universo con tal de demostrar que tiene razón”.

La clave de la cuestión estaría, a mi modo de ver, en la afirmación de Dostoyevski sobre el problema del mal en la obra de Hegel: “en la historia universal tenemos a la vista la imagen concreta del mal en su máxima existencia, y la historia universal nos da la impresión de un matadero en que se sacrifica a los individuos y a pueblos enteros; vemos sucumbir lo más noble y lo más bello. No parece haber proporcionado ningún beneficio y a lo sumo parece quedar esta o aquella obra perecedera que lleva en la frente el sello de la putrefacción y que pronto será apartada por otra igualmente transitoria” (24).

Ciertamente la fenomenología del espíritu hegeliana y la dialéctica materialista conducirán al mundo en el siglo XX a unas catástrofes tan demoledoras que llevarán al hombre contemporáneo a preguntarse si “¿se puede creer en Dios después de Auschwitz?” o si después de la caída del mundo hay historia: “la dialéctica es la quimera donde Hegel explica todo” (51)

Frente al análisis de Hegel y su aplicación en la historia humana, aparece el valor de la libertad y la demostración de que Dios es amor y, como nos ha recordado Benedicto XVI en “Deus caritas est”: sigue actuando a través del Espíritu Santo.

Por eso conviene leer despacio la revitalización de la libertad del hombre, ciertamente creada, ciertamente purificada por la gracia y también capaz de llevar al hombre más allá de donde nunca había soñado. Es decir “la vida tiene dimensiones que no caben en la historia” (13). A lo que añadirá: “la historia universal está al margen de la vida” (26). Para concluir: “lo decisivo es la libertad que plantea lo eterno” (28). Pero Hegel dio la espalda a la libertad (29). Y con esto concluye: “¿hablamos del cielo?” (62).

José Carlos Martín de la Hoz

László F. Földényi, Dostoyevski, lee a Hegel en Siberia y rompe a llorar, Galaxia Gutenberg, Barcelona 2026, 69 pp.