Deseamos hacernos eco del interesante y prolijo trabajo del periodista y comunicador Ignacio Fernández Sarasola, acerca de las limitaciones a la obscenidad, erotismo y la pornografía a lo largo de la historia.
Realmente es interesante caer en la cuenta que la editorial más seria en materia de historia, Marcial Pons, haya querido publicar este trabajo, pues eso denota la seriedad y categoría del mismo.
Como es habitual en cualquier tratado de cualquier materia en el ámbito de las humanidades, este trabajo comenzará con la definición de obscenidad, como aquello que ha de ser retirado del escenario, de la vista del público (13). Enseguida distinguirá también la pornografía como las escenas reales de sexo y el erotismo como las escenas simuladas de sexo (17).
Enseguida establecerá la primera conclusión de este prolijo y extenso tratado: “La moral del momento y las preferencias políticas marcaron el rumbo de las censuras” (53), pues enseguida añadirá que los excesos visuales acerca de la exposición desnuda del cuerpo humano fueros puestos fuera de la vista de los hombres como obscenos y proclives a la libido.
También concluirá enseguida que fueron mucho más allá las autoridades civiles que las eclesiásticas en la persecución de esta materia: “los agentes de aduanas estaban requisando todo ejemplar que hallaban y, sin notificación ni procedimiento alguno, los acumulaban en edificios públicos para luego quemarlos” (65).
En el estudio jurídico de la cuestión fue siempre afinándose más y más: “a partir del nuevo planteamiento puesto que el juez debía valorar una obra en su totalidad solo la consideraría obscena si la percepción global de toda ella así lo confirmaba” (69). La cuestión añadida es que sería obscena si afectaba a personas con poca formación o inmaduras.
Ya en 1957 el tribunal supremo de los Estados Unidos condenaba la obscenidad por no estar incluida en la primera enmienda de la Constitución que afectaba a la defensa de la libertad de expresión (70).
Finalmente, a partir de la revolución de mayo del 68 comenzó un movimiento cultural y jurídico proclive a distinguir entre obscenidad y literatura y, en general a permitir en salas especiales el visionado de películas pornográficas o las exposiciones de fotografía, pintura o escultura (75). Finalmente, desde 2007 los movimientos feministas han ido endureciendo de nuevo las legislaciones.
José Carlos Martín de la Hoz
Ignacio Fernández Sarasola, Obscenidad, erotismo, pornografía, Como el sexo ha limitado la libertad de expresión y las artes. Marcial Pons Historia, Madrid 2025, 445 pp.