Nínive y Nehemías

 

Dos historias del Antiguo Testamento a las que hace referencia con mucho tino el Papa León en “Magnifica humanitatis”. El libro del Génesis, después de hablar de las genealogías de Noé, presenta a una sociedad que solo vive pensando en su seguridad y su riqueza y “deciden construir una ciudad y una torre “cuya cúspide llegue hasta el cielo” (Gn 11, 4). Quieren así asegurarse estabilidad y poder, y sobre todo perpetuarse un nombre temiendo ser dispersados por la tierra”. (p. 14). Es una imponente obra que está lejos  a cualquier referencia a Dios.

Para comparar, el Papa nos cuenta la historia de Nehemías. “Tras el exilio bíblico, una buena parte de del pueblo ha regresado a Jerusalén pero la ciudad sigue en ruinas, las murallas se han derrumbado y las puertas han sido quemadas. Nehemías, un judío al servicio del Rey persa Artajerjes, recibe las noticias del desastroso estado de la ciudad de sus padres… (Jerusalén). Convoca a las familias, confía a cada una un tramo de muralla para reconstruir, escucha los temores, coordina los esfuerzos y hace frente a las oposiciones. El relato muestra cómo la ciudad renace no gracias a la iniciativa de una sola persona, sino a través de la responsabilidad compartida de todo el pueblo” (p. 15).

“A la luz de estas dos imágenes, el Espíritu Santo hoy nos interpela acerca de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso”. El Santo Padre nos hace reflexionar sobre el peligro de fiarlo todo a la tecnología, como podemos ver, de alguna forma en la sociedad. En el Antiguo Testamento quienes se empeñaron en aquella torre de Babel terminaron en el desastre de la división. Nehemías consiguió unidad en el empeño por reconstruir Jerusalén.

“La tecnología puede curar, conectar, educar, cuidar la casa común; pero también puede dividir, descartar, generar nuevas injusticias. En abstracto, esta, en sí misma, no es una solución a los problemas de la humanidad como tampoco es un mal en sí misma” (p. 16).

Nos advierte el Santo Padre, en su primera encíclica, del peligro de un mal uso de la tecnología, que nos vuelva inhumanos, egoístas, lejanos a Dios. Este es el riesgo de la deshumanización, -construir el futuro excluyendo a Dios y reduciendo al otro a un medio- una tentación antigua y siempre nueva, que hoy también toma un rostro técnico.

Es indudable que el Papa León quiere advertirnos de una tendencia materialista en la sociedad. Quizá nos basta con ver como en muchos ambientes, en la calle, en familia, en el trabajo, vemos constantemente a muchas personas atadas a su móvil. Se terminan las relaciones humanas habituales con los demás que están cerca, para quedarse en los aparatos.

 Ángel Cabrero Ugarte