Pienso que, de un modo o de otro, todos hemos pensado en que la sociedad moderna en la que vivimos, junto a comodidades y múltiples inventos útiles, nos lleva a una serie de ataduras, condicionamientos, que el Papa señala en su encíclica como esclavitudes.
“En el mundo de la IA nada es inmaterial o mágico. Cada respuesta que parece inmediata y perfecta proviene de una larga cadena de mediaciones, una extensa red de recursos naturales, infraestructuras energéticas y, sobre todo, personas. Una parte significativa del funcionamiento de la economía digital se sustenta en el trabajo silencioso de millones de seres humanos, empleados en actividades poco visibles pero esenciales” (n.173).
Creo que esto es algo de lo que apenas se habla. Tener un conocimiento profundo de cómo se llega a la “sabiduría” de la IA, es algo que parece un tanto complicado, porque no es una imagen muy positiva.
“En muchos casos se trata de jóvenes, en su mayoría de mujeres, que trabajan duro a cambio de remuneraciones mínimas. A este arduo trabajo invisible se suma la tarea, aún más brutal, de la extracción de los recursos necesarios para la producción de los dispositivos y microprocesadores en los que se basa la IA. En algunas regiones del mundo, adolescentes y niños trabajan en condiciones peligrosas en la trituración de los materiales de los que se obtiene las tierras raras” (n. 173).
Es algo de lo que no se habla normalmente. Sin duda hay una tendencia a esconder este panorama. Para muchos, estas palabras del Papa son la primera noticia de esas barbaridades que lleva consigo el invento de la IA. Está claro que no nos lo mostrarían en un vídeo detallado.
La trata debe reconocerse como una forma contemporánea de esclavitud y como una grave violación de la dignidad humana; no reaccionar con firmeza o tolerar de cualquier modo estas prácticas significa, en cierta medida, hacerse cómplice hoy de las culpas cometidas ayer, cuando la esclavitud se justificaba o se silenciaba.
“Es necesario que las empresas y los inversionistas adopten criterios claros de verificación ética preventiva, incluyendo entre las prioridades la protección de los trabajadores, la lucha contra el trabajo forzoso y el impacto social de los modelos de negocios basados en datos” (n. 179).
Es algo de lo que nadie ha querido hablarnos claramente. Para todas las personas que se benefician, especialmente económicamente, de todo este invento moderno, lo más fácil es mirar para otro lado. Y tiene que venir el Papa León a advertirnos de cómo se hacen las cosas y de que hay muchas personas, miles, que están viviendo bajo esta nueva esclavitud.
Ángel Cabrero Ugarte