El papa Francisco, poco antes de su muerte, recomendaba la lectura de poesía y novela como instrumentos de formación, para penetrar a través de ellas en el alma de los hombres.
Es posible que sea por ello por lo que la revista católica Omnes, en su último número, incorpora dos páginas acerca de la poesía de Vicente Gaos (Valencia, 1919-1980), que pone de manifiesto el sufrimiento del poeta que busca y añora oscuramente a Dios. Quizás, por la misma razón, encontramos varias páginas dedicadas a la filosofía de Descartes, padre del racionalismo y abuelo del idealismo.
Visitaba yo en una ocasión a un amigo mayor -hace tiempo que falleció- y le pedí que me enseñara jugar al tute. Su respuesta fue que si no sabía era inutil que empezara ahora. Aplico este mismo pensamiento a Descartes y el racionalismo. Quien no haya estudiado la filosofía desde su juventud y de forma sistemática, es difícil que obtenga ahora algún provecho de ella. La filosofía, como cualquier otra ciencia, avanza por escalones y no tiene sentido posicionarnos en el cuarto piso si no sabemos cómo hemos llegado hasta allí. Existe una filosofía cristiana, por supuesto, pero ésta debe encuadrarse en un esfuerzo formativo más amplio y accesible, que tiene que ver tanto con la cosmología -el estudio del universo- como la teología y la antropología.
Filosofía, poesía, educación, arte, patrística..., enseñanzas del Santo Padre y actualidad en la Iglesia, pero disfruto especialmente del testimonio de sacerdotes y laicos en muchas partes del mundo. Por ejemplo, hay un artículo sobre los efectos destructivos de un tifón en la isla de Sumatra, en Indonesia, y la labor que realizan los misioneros y Caritas ayudando a los que han perdido sus casas y medios de vida. Parece ser que Indonesia es el país del mundo con más seguidores del Islam ¡y tienen que ser los misioneros católicos los que se ocupen de sus necesitados! Verdaderamente, esta Iglesia nuestra tiene algo especial.
Me detengo en el artículo de un joven sacerdote gallego. Me gusta cómo explica la dureza del trabajo del sacerdote en el medio rural, responsable de varias parroquias, y cómo plantea la corresponsabilidad de los laicos en las mismas: "La sinodalidad -escribe- es tarea compartida, pero a veces formar un equipo requiere paciencia. Las obras, el mantenimiento y la economía ocupan una parte importante de los esfuerzos y preocupaciones del sacerdote cuando aún no ha logrado la colaboración de los feligreses".
Por último, encuentro el testimonio de una joven chilena, madre de dos hijos y esperando un tercero, que ha pasado del agnosticismo a publicar podcast acerca de la adoración eucarística o de la catequesis en el hogar.
En su despedida de los apóstoles, Nuestro Señor Jesucristo dice: "No me habéis elegido vosotros a mí sino que yo os elegí a vosotros, y os he destinado para que vayais y deis fruto, y vuestro fruto permanezca" (Juan 15, 16). No cabe duda de que es el Señor quien elige a aquellos a los que quiere enviar a trabajar en su viña, tan extensa como el mundo.
Juan Ignacio Encabo Balbín
Revista mensual católica, Omnes, febrero 2026.