Ciertamente, los mejores perfumes se esconden en frascos muy pequeños y este es un ejemplo muy claro. Pablo García ha publicado un magnífico trabajo sobre el celibato apostólico simplemente penetrando en el texto del nuevo Testamento que narra el encuentro de Jesús y la Samaritana y, por tanto, desgranando la afirmación del Señor: “Si conocieras el don de Dios”.
Eso fue exactamente lo que sucedió en Corinto como aparece reflejado en la primera carta de San Pablo a los de corintio cuando les habló del don del celibato con tal profundidad y grandeza que ya en la segunda carta les deberá recordar que cada uno debe permanecer donde Dios le ha puesto: celibato o matrimonio o viudez, es decir seguir el don de Dios.
Lo que viene a decir nuestro autor en este tratado sobre el celibato apostólico es que es un don de Dios tan importante y exclusivo como lo es el amor conyugal y, por tanto, debe agradecerse y valorarse como tal.
Es muy interesante el itinerario personal que narra el autor del libro: desde los primeros rudimentos del amor de Dios hasta que concede el Espíritu Santo la necesaria certeza para entregar la vida (13). Como afirmará: se trata de una fuerte “Presencia de Dios” (14).
Que Cristo interviene en el curso de la historia es indudable y suele hacerlo desde el interior del corazón donde habita él. Precisamente porque todo va a tener la naturalidad del amor, si no se acepta ni se descubre es mejor no entregarse pues esa falta de sensibilidad le incapacitará para la perseverancia (21).
Ciertamente la vocación es una luz y muchas veces es una luz cegadora y otras veces es una lucecita en el fondo del alma, pero siempre es llamada apremiante al amor y a la sintonía sobrenatural (31).
Desde luego, como nos recuerda el autor, Dios elije a los que quiere y los elije entre los que saben amar y corresponder al amor con amor. Es importante disponer el corazón para dejarse amar (32).
Se aconseja vivamente leer el Cantar de los cantares del Antiguo Testamento para entender el nivel de Alianza que Dios establece con la Iglesia y con cada una de las criaturas que ha creado: “Te ama y te espera” (60).
Efectivamente, el celibato implica la paternidad espiritual y la maternidad espiritual, pues cuando Dios escoge en celibato apostólico conlleva el ayudar a Jesús a sacar adelante la familia y a formar nuevas vocaciones.
José Carlos Martín de la Hoz
Pablo García, Si conocieras el don de Dios. El corazón célibe, Cobel ediciones, Alicante, 2026, 87 pp.