Una conciencia nueva

 

Ciertamente, el título escogido por Silvia Bardelás (Vigo 1967), profesora de literatura de la UNED, es excesivo y muy atrevido, pues habla de “conciencia nueva”, cuando en realidad lo que hace en este trabajo es comentar sus experiencias de vida sin orden ni concierto, según le van brotando o según brotan de un cuaderno de impresiones. El fin de la obra no es ni sistemático ni adoctrinante, se conforma con el deseo de poner un punto de contraste en el ánimo del lector en los asuntos ordinarios que trata en este trabajo.

La primera conclusión que se extrae de este trabajo es que la definición de conciencia que hemos manejado a lo largo de la historia sigue siendo plenamente actual, pues realmente se trata de un “juicio del entendimiento práctico que, a partir de la ciencia moral, dictamina acerca de la bondad y malicia de los actos humanos”.

Enseguida, volviendo al trabajo de Silvia hemos de resaltar que los juicios del en rendimiento práctico que realiza la autora pertenecen habitualmente al sentido común o a conclusiones habituales del humanismo cristiano que siguen imperando en la sociedad, aunque en algunos casos por un empeño de la autora al cerrarse a la visión trascendente de la existencia termine por interrumpir lo habitual. Por eso más que buscar una conciencia común bastaría con admitir que la ciencia moral puede imponerse por la vida de la ley natural y no impuesta por ella (21). De hecho, Silvia, poco después o un poco más adelante, indicará una opinión suya muy ilustrativa en toda su obra: “la experiencia estética no es un juicio sino el encuentro de dos intimidades” (69).

En cambio, admitirá la realidad del pecado y de la culpa y resaltará que es una prueba de madurez reconocer la existencia del mal en nuestra conducta y del mal uso de la libertad (98).

La autora refleja que conoce el cristianismo y, sobre todo, que ha estudiado detenidamente la antropología del humanismo de nuestro tiempo por eso puede afirmar: “La energía era tan enorme en mi cuerpo que se grabó en mi memoria como referencia de felicidad” (101). Es muy interesante la extensa digresión del concepto de hombre como relación y los diversos tipos de relaciones; con el mundo espiritual, entre los hombres, con la materia, etc.  también es significativo su descubrimiento de la “complicidad” que define como: “experiencia vital compartida” (106).

Asimismo, me parece muy acertado su análisis del romanticismo: “el romanticismo supo ver la muerte de la libertad y creatividad por un excesivo uso de la razón humana” (109). Finalmente señalaremos esto: “los valores se oponen a la belleza subjetiva” (113)

José Carlos Martín de la Hoz

Silvia Bardelás, Una conciencia nueva. La urgente pregunta de quienes somos, Acantilado, Barcelona 2026, 253 pp.