Pablo Gasull, ensayista y escritor, ha redactado un breve, pero interesante ensayo sobre la vulnerabilidad del ser humano y, por tanto, acerca del cuidado y de la intimidad de las personas con las que nos relacionamos.

Dentro de la virtud de la caridad y contando con la realidad de la debilidad del ser humano, Gasull desarrolla la sensibilidad necesaria para enriquecerse y poder ayudar a construir entre todos la civilización del amor.

Ciertamente, la vulnerabilidad propia y ajena nos hace estimar aún más el don divino de la misericordia con el que Dios nos cuida y del que nosotros hemos de ser partícipes constantemente, con los demás. Es muy importante, no volverse rugosos con el paso del tiempo, como los padres cuando vienen los siguientes hijos y ya no son tan cuidadosos como con el primero (19).

Este es el gran error de los novios y de los enamorados en general, dejar caer el privilegio del cuidado, acostumbrare a la vulnerabilidad del otro, de quien está a nuestro lado o de los amigos que hace días que no vemos y al que hace tiempo que no cuidamos.

Enseguida volverá a las grandes preguntas del ser humano, la búsqueda de la verdad, del sentido de la vida: “Todo ser humano desea ser feliz” (31). Por eso, nos recordará nuestro autor, hace falta cuidarnos, porque al no encontrar la felicidad completa en esta vida, necesitamos que alguien cuide de nosotros y nos oriente hacia la felicidad verdadera que se alcanza en la otra vida.

En realidad, las obras de misericordia corporales y espirituales que se desgravan en el catecismo de la Iglesia católica están todas contenidas en la vida de Jesús mientras estuvo con nosotros y en ellas está la suma del cuidado y de la caridad.

Es de particular importancia relacionar la vulnerabilidad con la generación de la confianza pues podremos relajarnos y confiar en que los demás serán compasivos y misericordiosos como nosotros lo somos y es genera una sociedad, humana, y cristiana (65).

Resulta divertido como la afición al monte del autor sale no solo en la micro biografía del comienzo sino en muchos ejemplos a lo largo del libro y en la sana preocupación ecológica del autor (110).

El último capítulo lo dedicará nuestro autor a la amistad y al tesoro mil veces encomiado de la amistad verdadera. Un amigo es un tesoro y un tesoro para siempre. De los amigos aprendemos, confiamos, nos sentimos seguros (129).

Cuando se llega al final de este magnífico trabajo nos encontramos con la piedra que da la clave de este trabajo. El rastro de Dios es, sencillamente, su ternura y su delicadeza infinitas (143)

José Carlos Martín de la Hoz

Pablo Gasull, Vulnerable. Sobre el cuidado y la intimidad, Ciudadela, Madrid 2026, 158 pp.